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miércoles, 18 de septiembre de 2024

¿Todas las religiones son iguales, como dijo el Papa? (parte 1 de 2)

A fines de diciembre pasado (¡hace menos de nueve meses!) nos preguntábamos "¿Cuánto más bajo podemos caer?".

Se trataba en realidad de la transcripción al español de una charla de Henry Sire (Pope Francis: How much lower can we sink?) pronunciada en la Latin Mass Society en Londres el 24 de noviembre de 2023. Y la pregunta,  lamentablemente, ya estaba desactualizada cuando nuestro blog publicó la nota,  porque  en el intermedio apareció Fiducia supplicans... 

Pero hoy tenemos que volver a decir con tristeza que hemos caído aun más bajo. Mucho más bajo. 

Nos referimos a unas increíbles palabras pronunciadas por el Papa en Singapur hace pocos días.  Leamos la versión que publicó el sitio oficial del Vaticano:


 

«Si empiezan a discutir —“mi religión es más importante que la tuya”, “La mía es la verdadera, en cambio la tuya no es verdadera”—, ¿a dónde lleva todo esto? ¿A dónde? Que alguien responda: ¿a dónde? [Alguien responde: “A la destrucción”]. Y así es. Todas las religiones son un camino para llegar a Dios. Y, hago una comparación, son como diferentes lenguas, como distintos idiomas, para llegar allí. Porque Dios es Dios para todos. Y por eso, porque es Dios para todos, todos somos hijos de Dios. “¡Pero mi Dios es más importante que el tuyo!” ¿Eso es cierto? Sólo hay un Dios, y nosotros, nuestras religiones son lenguas, caminos para llegar a Dios. Uno es sijs, otro, musulmán, hindú, cristiano; aunque son caminos diferentes. Understood?».

Si alguien pensara que esto no puede ser real, que se trata de un error de traducción o que han interpretado mal al Pontífice, podemos ver y escuchar al propio Papa diciendo esa aberración:


En dos entradas consecutivas nos referiremos a este solemne disparate. Hoy mostraremos un conjunto de citas que desmienten al Papa; el miércoles que viene reflexionaremos sobre las consecuencias que se derivarían de aceptar que "todas las religiones son un camino para llegar a Dios", como afirmó en Singapur.

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Cualquier católico medianamente formado sabe hay una enorme cantidad de textos de la Escritura y de la Tradición que contradicen las afirmaciones del Papa. Mencionemos sólo algunos.

◆ «El que cree en el Hijo tiene Vida eterna. El que se niega a creer en el Hijo no verá la Vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él» (Jn 3, 36).

◆ «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68s).

◆ «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14, 6).

◆ «Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3).

◆ «No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hech 4, 12). 

◆ Dios «envió su Palabra al pueblo de Israel, anunciándoles la Buena Noticia de la paz por medio de Jesucristo, que es el Señor de todos (...). Todos los profetas dan testimonio de él, declarando que los que creen en él reciben el perdón de los pecados, en virtud de su Nombre» (Hech 10, 36ss).

◆ «Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros» (1 Cor 8, 5-6). 

◆ Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad. Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos» (1 Tim 2,4-6).

◆«El purificador y Salvador poderosísimo tomó todo el hombre entero. Fuera de este camino (...), que nunca faltó al género humano, nadie se liberó, nadie se libera, nadie se liberará» (San Agustín, De Civitate Dei, X, 32, 2).

◆ «Jesucristo es el alfa y la omega, "el principio y el fin" de todo. (...) Él es el único maestro que debe instruirnos, el único Señor del que dependemos, la única cabeza a la que debemos estar unidos, el único modelo al que debemos asemejarnos, el único médico que nos debe curar, el único pastor que nos debe alimentar, el único camino que debemos seguir, la única verdad que debemos creer, la única vida que debe vivificarnos, lo único que nos debe bastar en todo. (...)  Todo lo podemos por Cristo, con Cristo y en Cristo; podemos dar todo honor y toda gloria al Padre, en la unidad del Espíritu Santo» (San Luis María Grignion de Montfort, Tratado sobre la verdadera devoción a María, n. 61).

◆ «Profesa el sagrado Concilio que Dios manifestó al género humano el camino por el que, sirviéndole, pueden los hombres salvarse y ser felices en Cristo. Creemos que esta única y verdadera religión subsiste en la Iglesia católica y apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la obligación de difundirla a todos los hombres, diciendo a los Apóstoles: “Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado” (Mt 28, 19-20). Por su parte todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo en lo referente a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla» (Concilio Vaticano II, Declaración Dignitatis Humanae, 1).

◆ «Solamente por medio de la Iglesia católica de Cristo, que es "auxilio general de salvación", puede alcanzarse la plenitud total de los medios de salvación. Creemos que el Señor confió todos los bienes de la Nueva Alianza a un único Colegio apostólico presidido por Pedro, para constituir un solo cuerpo de Cristo en la tierra, al cual deben incorporarse plenamente los que de algún modo pertenecen ya al Pueblo de Dios» (Concilio Vaticano II, Declaración Unitatis Redintegratio, 3).



◆ «Cristo, Salvador universal, es el único Salvador. San Pedro lo afirma claramente: “Porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos” (Hch 4, 12).

Al mismo tiempo, es proclamado también único mediador entre Dios y los hombres, como afirma la primera carta de San Pablo a Timoteo: “Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos” (1 Tm 2, 5-6). En cuanto Dios-hombre, Jesús es el mediador perfecto, que une a los hombres con Dios, proporcionándoles los bienes de la salvación y de la vida divina. Se trata de una mediación única, que excluye cualquier otra mediación complementaria o paralela, aunque puede admitir mediaciones participadas o dependientes (cf. Redemptoris missio, 5).

Así pues, no se pueden admitir, además de Cristo, otras fuentes o caminos de salvación autónomos. Por consiguiente, en las grandes religiones, que la Iglesia considera con respeto y estima en la línea marcada por el Concilio Vaticano  II, los cristianos reconocen la presencia de elementos salvíficos, pero que actúan en dependencia del influjo de la gracia de Cristo. Esas religiones pueden así contribuir, en virtud de la acción misteriosa del Espíritu Santo, que “sopla donde quiere” (Jn 3, 8), a ayudar a los hombres en el camino hacia la felicidad eterna, pero esta función es igualmente fruto de la actividad redentora de Cristo. Por tanto, también en relación con las religiones, actúa misteriosamente Cristo Salvador, que en esta obra asocia a su Iglesia, constituida “como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Lumen gentium, 1)»  (Juan Pablo II, catequesis en la Audiencia General del 4 de febrero de 1988).

◆ «"Fuera de la Iglesia no hay salvación". ¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por la Iglesia que es su Cuerpo: El santo Sínodo [...] “basado en la sagrada Escritura y en la Tradición, enseña que esta Iglesia peregrina es necesaria para la salvación. Cristo, en efecto, es el único Mediador y camino de salvación que se nos hace presente en su Cuerpo, en la Iglesia. Él, al inculcar con palabras, bien explícitas, la necesidad de la fe y del bautismo, confirmó al mismo tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que entran los hombres por el Bautismo como por una puerta. Por eso, no podrían salvarse los que sabiendo que Dios fundó, por medio de Jesucristo, la Iglesia católica como necesaria para la salvación, sin embargo, no hubiesen querido entrar o perseverar en ella” (Conc. Vat. II: Const. Dogm. Lumen Gentium, 14)» (Catecismo de la Iglesia Católica, 846).

◆ «Cristo, Redentor del mundo, es el único Mediador entre Dios y los hombres porque no hay bajo el cielo otro nombre por el que podamos ser salvados (cf. Hch 4, 12)» (Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, 4)

◆«En Asia, donde está más acentuado el tema del encuentro del cristianismo con las antiguas culturas y religiones locales» hay «un gran desafío para la evangelización, dado que sistemas religiosos como el budismo o el hinduismo se presentan con un claro carácter soteriológico. Existe pues la urgente necesidad (...)  [de que la Iglesia] ilustre y profundice la verdad sobre Cristo como único Mediador entre Dios y los hombres, y como único Redentor del mundo, distinguiéndolo bien de los fundadores de otras grandes religiones, en las cuales también se encuentran elementos de verdad» (Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, 38).

◆«Jesucristo, único Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre  (cf. Hb 13, 8)» (Juan Pablo II, Carta Apostólica Tertio Millennio Adveniente, 38).

◆ «El perenne anuncio misionero de la Iglesia es puesto hoy en peligro por teorías de tipo relativista, que tratan de justificar el pluralismo religioso, no sólo de facto sino también de iure (o de principio). En consecuencia, se retienen superadas, por ejemplo, verdades tales como el carácter definitivo y completo de la revelación de Jesucristo, la naturaleza de la fe cristiana con respecto a la creencia en las otra religiones, el carácter inspirado de los libros de la Sagrada Escritura, la unidad personal entre el Verbo eterno y Jesús de Nazaret, la unidad entre la economía del Verbo encarnado y del Espíritu Santo, la unicidad y la universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, la mediación salvífica universal de la Iglesia, la inseparabilidad —aun en la distinción— entre el Reino de Dios, el Reino de Cristo y la Iglesia, la subsistencia en la Iglesia católica de la única Iglesia de Cristo» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus, 4).

◆ «Debe ser firmemente creído que la “Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia, y Él, inculcando con palabras concretas la necesidad del bautismo (cf. Mt 16, 16; Jn 3, 5), confirmó a un tiempo la necesidad de la Iglesia, en la que los hombres entran por el bautismo como por una puerta” (Conc. Vat. II, Const. Dogm. Lumen Gentium, 14). Esta doctrina no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios (cf. 1 Tim 2, 4); por lo tanto, “es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación” (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Missio, 9)» (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus, 20).

◆ «Con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido la Iglesia para la salvación de todos los hombres (cf. Hech 17, 30-31). Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista “marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que 'una religión es tan buena como otra'” (Juan Pablo II, Enc. Redemptoris Missio, 36)»  (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus, 22).

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Decenas de textos más podrían alegarse. Pero no queremos alargar más esta entrada, que es meramente introductoria. La semana próxima publicaremos una reflexión al respecto.

miércoles, 22 de mayo de 2024

El teatro del absurdo

 

“Dios está muerto, Marx también y yo tampoco me siento muy bien”.

El clima surrealista que vivimos desde hace una década en la Iglesia Católica nos recuerda una cita de Eugene Ionesco, famoso escritor y dramaturgo francés de origen rumano (...) [cuyas] obras se centran en la representación de la falta de significado. Aquí los elementos del absurdo toman la forma de diálogos no secuenciales, situaciones sin sentido, personajes extraños y entornos irreales. Un teatro del absurdo que se manifiesta en sínodos sobre la sinodalidad, activistas radicales elegidos teólogos por el magisterio, Pachamama elevada al rango de Theotókos, administradores apostólicos que reemplazan a los obispos excesivamente católicos, prelaturas personales rebajadas al rango de asociaciones religiosas, una conferencia episcopal que financia los desembarcos clandestinos  (...). Mientras  la fractura entre conservadores y progresistas crece (¡la brecha nunca ha sido tan fuerte desde el Concilio Vaticano II hasta hoy,  hasta el punto de que existe el riesgo de llegar a un punto de no retorno, especialmente con la Iglesia alemana!), aparecen documentos sobre la «preservación de las cenizas tras la cremación»  y declaraciones surrealistas del Santo Padre: «preparé mi tumba fuera de San Pedro».  Y con esta última declaración, el teatro del absurdo iniciado en Santa Marta parece encontrar su epílogo en Santa María la Mayor. En definitiva, parece una obra de Samuel Beckett, donde los protagonistas (¿el pueblo de Dios?) esperan en vano la llegada de un personaje llamado Godot (...) sin que haya sucedido nada significativo mientras tanto.

(Fragmento de una nota de MessaInLatino, traducido y adaptado a nuestra lengua)

miércoles, 27 de diciembre de 2023

¿Cuánto más bajo podemos caer?

Hace pocos días fue publicado en OnePeterFive un artículo de Henry Sire titulado "Papa Francisco: ¿Cuánto más bajo podemos caer?". Se trata del texto de una charla dada a la Latin Mass Society en Londres el 24 de noviembre de 2023.

Ofrecemos aquí una traducción de la nota. Intercalamos las dos imágenes del artículo original: el primer plano del cardenal Bergoglio y la portada de "El Papa dictador", además de otras que no aparecían allí.

Lamentablemente, la nota de Sire ya está desactualizada, dado que desde la fecha de su aparición original (¡hace apenas un mes!), como Iglesia hemos caído aun más bajo...



Cuando Joseph Shaw me propuso esta conferencia a principios de septiembre, le sugerí el título “Papa Francisco: ¿cuánto más bajo podemos hundirnos?”, pero lo cierto es que desde entonces los acontecimientos nos han superado. Durante los últimos once años, todos hemos visto el pontificado del Papa Francisco en una trayectoria de descenso acelerado hacia una traición cada vez más abierta a la doctrina católica, pero debo decir que no preví la avalancha endemoniada que hemos visto en los últimos tres meses. Si queremos evaluar los gravísimos acontecimientos que están sucediendo a nuestro alrededor, debemos intentar comprender al hombre que ahora tenemos sentado en el trono de Pedro. Entonces, antes de comentar sobre los acontecimientos recientes, me gustaría agregar algunos detalles a la imagen del Papa Francisco que presenté en mi libro El Papa dictador, que fue publicado por primera vez hace seis años.

Para darles algunos antecedentes sobre este libro, debo explicarles que llegué a trabajar a Roma en abril de 2013, menos de un mes después de la elección del Papa Francisco, y viví allí durante los siguientes cuatro años. Trabajaba para la Orden de Malta, una organización que tiene estrechos vínculos con la Santa Sede, y rápidamente comencé a escuchar los informes que salían en privado del Vaticano. Mostraban a un Francisco muy diferente de la figura genial y liberal que presentaban los medios de comunicación de todo el mundo. Los conocedores decían que, tan pronto como las cámaras publicitarias se alejaban de él, Francisco se convertía en una figura diferente: arrogante, desdeñoso con la gente, dado a lenguaje soez y célebre por sus furiosos arrebatos de temperamento que eran conocidos incluso por los choferes del Vaticano. Durante los dos años siguientes seguí escuchando información privilegiada, por ejemplo del difunto Cardenal Pell, sobre las políticas internas involucradas en los dos Sínodos sobre la Familia en 2014 y 2015. Tengamos en cuenta que en sus primeros años el Papa Francisco había apenas mostró su mano y que la gente asumió que él era el reformador liberal que supuestamente la Iglesia necesitaba. A principios de 2016 escribí un artículo para Angelico Press titulado “Papa Francisco: ¿Dónde está el reformador detrás del ídolo mediático?”. Estaba empezando a pensar que alguien necesitaba escribir un libro que revelara el abismo entre la imagen pública del Papa Francisco y la realidad vista dentro del Vaticano; pero en ese momento no pensé que sería yo quien lo escribiría.

Además del abismo de información que he descrito, había otro derivado de la barrera del idioma. De hecho, había mucha información disponible durante años sobre Jorge Bergoglio y su carrera en Argentina, pero simplemente no había llegado al resto del mundo porque no había sido traducida al inglés. Como soy mitad español, este fue otro de los factores que me hicieron asumir la tarea que se necesitaba. Cuando decidí empezar a trabajar en el libro, lo primero que hice fue hacer un viaje a Argentina, que realicé en marzo de 2017, para hablar con personas que pudieran contarme sobre el historial de Bergoglio. Esta era la información que lamentablemente les faltaba a los cardenales cuando eligieron a Bergoglio en 2013. En particular, había un libro muy revelador que se había escrito poco después de la elección papal, pero que rápidamente fue ocultado y convertido desde entonces en casi no disponible. El título era El Verdadero Francisco, de Omar Bello. El autor era un ejecutivo de relaciones públicas que conocía personalmente a Bergoglio desde hacía ocho años, habiendo trabajado para él en un canal de televisión administrado por la Arquidiócesis de Buenos Aires. Como profesional de las relaciones públicas, Bello no tardó en reconocer en Bergoglio un maestro en la autopromoción. También describió a un hombre experto en el ejercicio encubierto del poder y la manipulación de personas.

Por ejemplo, Bello cuenta en su libro dos historias que ya eran muy conocidas en Buenos Aires. Una fue la forma en que Bergoglio tomó antipatía hacia un miembro del personal de la curia arquidiocesana, el señor Félix Botazzi, y decidió despedirlo sin mostrar su mano. El ex empleado agraviado buscó entonces una entrevista con Bergoglio, quien fingió ignorancia. “No sabía nada al respecto, hijo mío. ¿Por qué te despidieron? ¿Quién lo hizo?”. El señor Botazzi no recuperó su puesto, pero el arzobispo le regaló un coche nuevo y se marchó convencido de que Bergoglio era un santo, dominado por un círculo de subordinados maliciosos. La otra historia que repite Bello es la de un sacerdote porteño del personal diocesano que buscó ayuda psiquiátrica, exhausto por el "baile" que él y sus colegas estaban sufriendo de su arzobispo. Después de escuchar sus penas, el psiquiatra le dijo: “No puedo tratarte. Para resolver tus problemas necesitaría tratar a tu arzobispo”.

Estas y otras revelaciones se hicieron poco después de que Bergoglio fuera elegido Papa, pero de hecho ya habían aparecido informes reveladores en los medios de comunicación en español incluso antes de eso. Por ejemplo, en 2011 el periodista español Francisco de la Cigoña publicó un artículo que describía cómo Bergoglio estaba construyendo una red de poder en las jerarquías sudamericanas a través de seguidores que había plantado en varios departamentos del Vaticano. De la Cigoňa resumió su informe:

Así procede Bergoglio a generar una red de mentiras, intrigas, espionaje, desconfianza y, más efectivo que nada, miedo. Bergoglio es una persona que sobre todo sabe generar miedo. Por mucho que se esfuerce por impresionar a todos con la apariencia de un santo de yeso, austero y mortificado, es un hombre con mentalidad de poder.

Debemos señalar que esto fue escrito más de un año antes de que Bergoglio fuera elegido Papa, antes de que alguien tuviera motivos para sospechar que podría ser más peligroso.

Cuando comencé mi libro, me propuse el objetivo de transmitir este tipo de reportajes en español al mundo de habla inglesa, pero había otra evidencia, cuya no aparición no se había debido a la barrera idiomática. Mientras vivía en Roma comencé a tener noticias de los periodistas sobre un documento llamado Informe Kolvenbach, que varios de ellos habían estado intentando localizar sin éxito. Era el informe que el padre Kolvenbach, general de los jesuitas, había escrito allá por 1991, cuando se propuso nombrar al padre Bergoglio obispo auxiliar en Buenos Aires, y se rumoreaba que era claramente desfavorable. Una copia del informe se guardó en el archivo de la Curia General jesuita en Roma, pero desapareció rápidamente tan pronto como Bergoglio fue elegido Papa. En el curso de mi investigación descubrí que al menos una copia del informe existía en manos privadas, pero su propietario no se atrevía a compartirla conmigo para su publicación. Lo más cerca que pude llegar a él fue a través de un sacerdote que lo había leído antes de que desapareciera del archivo jesuita, y me dio la esencia del mismo de la siguiente manera: El P. Kolvenbach acusó a Bergoglio de falta de equilibrio psicológico, de astucia, de desobediencia encubierta bajo una máscara de humildad y uso habitual de lenguaje vulgar. También señaló, con vistas a su idoneidad como obispo, que Bergoglio se había mostrado una figura divisiva cuando era Provincial de los jesuitas en Argentina. Después de once años del papado de Francisco, podemos decir con justicia que el P. Kolvenbach había acertado completamente.

Otra clave del modo de actuar de Bergoglio es el trasfondo político de Argentina, tan ajeno al entendimiento anglosajón. Una de las primeras cosas que escuché sobre Bergoglio cuando fui a Roma fue de un sacerdote argentino que dijo: “Lo que hay que entender de él es que es un político puro”. En aquel momento no entendí la importancia de esto, pero hay que añadir que la política de Francisco está modelada por la gran figura de la Argentina del siglo XX, Juan Perón, que fue dictador del país de 1946 a 1955, los años en el que Bergoglio crecía. Perón deslumbró a toda una generación de argentinos con su estilo oportunista y sin escrúpulos, y su legado ha seguido dominando la vida política del país desde entonces. Bergoglio fue más que un discípulo genérico del gran hombre. Cuando era maestro de novicios de los jesuitas argentinos a principios de los años setenta, ayudaba activamente a un grupo llamado Guardia de Hierro que estaba trabajando, con éxito, a fin de sacar a Perón del exilio para que pasara sus últimos meses de vida como Presidente hasta su muerte en 1974. Según los estándares habituales, ésta era una forma inusual para que el maestro de novicios de una orden religiosa pasara su tiempo libre, pero ilustra el comentario que me hizo un argentino que había sido alumno del joven Bergoglio cuando enseñaba en un colegio jesuita en los años sesenta. Basándose en el conocimiento personal de toda una vida, me describió a Bergoglio como “un enfermo del poder”: un hombre para quien el poder es una manía, o una enfermedad.

Así que, basándose en informes como estos, procedí a escribir mi libro, en el que incluí un capítulo sobre la carrera de Bergoglio antes de su elección. En él, mi propósito era proporcionar una especie de estudio de carácter que lamentablemente les había faltado a los cardenales cuando lo eligieron Papa en 2013. Sin embargo, desde la publicación he descubierto una gran cantidad de información nueva que muestra que, de hecho, las cosas estaban, por lejos, mucho peor de lo que imaginaba.

La primera revelación ha sido sobre las malas prácticas financieras involucradas en el gobierno de Bergoglio en la Arquidiócesis de Buenos Aires. Mencioné anteriormente el artículo de Francisco de la Cigoña sobre la red de poder que el cardenal Bergoglio construyó en el Vaticano, pero hay que añadir que esa red fue posible gracias al despliegue de grandes sumas de dinero. El trasfondo de esto fue la casi quiebra en la que había incurrido la Santa Sede en los años ochenta y noventa debido a las actividades criminales de sus administradores financieros, el arzobispo Paul Marcinkus y su sucesor, menos conocido pero igualmente corrupto, Donato de Bonis. En estas condiciones, la capacidad de transferir grandes sumas a las arcas del Vaticano daría a un eclesiástico una enorme influencia. El cardenal Bergoglio lo hizo a través de su control de la Universidad Católica Argentina, que contaba con una rica dotación de 200 millones de dólares. En concreto, entre 2005 y 2011 se transfirieron unos 40 millones de dólares de la U.C.A. al Vaticano, en una transacción que pretendía ser un depósito, pero que el Banco Vaticano procedió rápidamente a tratar como una donación. No fue sino hasta hace uno o dos años que se empezó a rectificar esta apropiación indebida.

Sin embargo, esto es sólo la punta del iceberg de la enorme corrupción financiera en la Arquidiócesis de Buenos Aires, que se ha mantenido en secreto, aunque el Vaticano lo sabía desde una fecha temprana. En 2009, once años después del inicio del gobierno del cardenal Bergoglio como arzobispo, el Papa Benedicto ordenó una visita secreta a la arquidiócesis por parte de un monseñor que fue enviado allí aparentemente como miembro diplomático de la nunciatura papal, y que descubrió graves irregularidades, incluido el lavado de dinero y vínculos con la mafia. Para ser justos, estas malas prácticas databan de antes del nombramiento de Bergoglio como arzobispo en 1998, pero seguían sin reformarse debido a la política habitual de Bergoglio de encubrimiento y protección de los culpables. Se dice que la información que el investigador papal obtuvo durante su visita le ha dado un control sobre el Papa y le ha permitido seguir una carrera vaticana bien protegida a pesar de la enemistad de figuras poderosas.

La arquidiócesis que encabezaba el cardenal Bergoglio estaba, por tanto, sumida en irregularidades financieras. Para contarles un poco de historia de esto, me remontaré al primer nombramiento de Bergoglio como obispo auxiliar de Buenos Aires en 1991. Como mencioné, se ganó este cargo a petición del entonces Arzobispo de Buenos Aires, cardenal Quarracino, pero el hombre que más influyó en su nombramiento fue monseñor Roberto Toledo, miembro del personal arzobispal. No puedo decir por qué monseñor Toledo fue un defensor tan grande de Bergoglio, pero emerge como la figura central en el próximo gran escándalo que surgirá en la arquidiócesis. Se trata de un gran fondo de pensiones de los militares argentinos, a la que en 1997 se le pidió un préstamo de diez millones de dólares destinado a la arquidiócesis. En ese momento el cardenal Quarracino estaba enfermo y el obispo Bergoglio ya había sido nombrado coadjutor con derecho de sucesión. En la reunión celebrada para ultimar el préstamo, el cardenal Quarracino estaba demasiado enfermo para asistir, pero estuvo representado por monseñor Toledo. Cuando llegó el momento de firmar el contrato, monseñor Toledo salió de la habitación, aparentemente para obtener la firma del cardenal Quarracino, y regresó al poco tiempo con una firma que, como se supo más tarde, en realidad había sido falsificada por él mismo. Poco después, el fondo de pensiones militar se encontró en dificultades e hizo esfuerzos para recuperar su préstamo a la archidiócesis de Buenos Aires, ante lo cual el cardenal Quarracino negó haber firmado el contrato.

Quarracino murió poco después y Bergoglio lo sucedió como Arzobispo de Buenos Aires. Lo que destaca es su trato tan delicado con Monseñor Toledo cuando se descubrió el fraude. Primero lo enviaron de regreso a su ciudad natal sin ninguna sanción. Finalmente, ocho años después, en 2005, fue juzgado por fraude, pero nunca se dictó sentencia. Cabe agregar que Monseñor Toledo era bien conocido por ser homosexual y tener un amante masculino, un instructor de gimnasio, que había desempeñado un papel de intermediario en las relaciones financieras que he descrito. El detalle más macabro de este caso surgió en 2017, cuando monseñor Toledo, quien llevaba dieciocho años ejerciendo como párroco sin ningún tipo de sanción eclesiástica, fue acusado de asesinar a un viejo amigo suyo y falsificar su testamento. para obtener una herencia millonaria.

Monseñor Toledo es un ejemplo de un prelado que ya estaba en el cargo cuando Bergoglio llegó como obispo auxiliar, pero es igualmente revelador mirar a aquellos a quienes promovió una vez que se convirtió en arzobispo. El primero es Juan Carlos Maccarone, a quien Bergoglio nombró obispo auxiliar en 1999. En 2005, Maccarone fue despedido del episcopado por el Papa Benedicto después de que lo filmaran teniendo relaciones sexuales con un  homosexual en la sacristía de su catedral. Sin embargo, el cardenal Bergoglio lo defendió públicamente, afirmando que la filmación fue un montaje para derribar al obispo debido a su compromiso político de izquierda. Otro protegido fue Joaquín Sucunza, a quien Bergoglio consagró obispo auxiliar en 2000, aunque para entonces ya había sido citado en un caso de divorcio como amante de una mujer casada. El obispo Sucunza continuó como auxiliar, e incluso fue designado por el Papa Francisco como administrador temporal de la arquidiócesis en 2013 después de su propia elevación al papado.

Estos casos muestran un patrón de cinismo moral y amiguismo clerical que Bergoglio ha mostrado detrás de escena, mientras presentaba la imagen pública de un reformador. Los ejemplos más flagrantes se relacionan con su historial como protector de los abusadores sexuales clericales. Un caso es el del sacerdote bonaerense Rubén Pardo, quien fue denunciado por abusar sexualmente de un chico de quince años. La madre del niño tuvo grandes dificultades para lograr que la arquidiócesis admitiera el caso; se quejó de que el cardenal Bergoglio estaba protegiendo al sacerdote culpable, que le había alojado en una residencia diocesana y que cuando intentó hablar con el cardenal en la residencia arzobispal, éste hizo que el personal de seguridad la expulsara. El sacerdote fue finalmente condenado por la justicia civil y poco después murió de sida, y un tribunal de Buenos Aires obligó a la Iglesia católica a pagar a la familia una indemnización por lo sufrido. La opinión de la madre sobre la afirmación de Bergoglio de tomar medidas enérgicas contra esos crímenes fue: “El compromiso de Bergoglio son sólo palabras”.

Otro caso muy conocido fue el del padre Julio Grassi, que dirigía hogares de niños que utilizaba para explotar las ambiciones de los niños de escapar de la pobreza a través del fútbol profesional. En 2009, el padre Grassi fue condenado por abusar sexualmente de un adolescente, pero mientras el caso estaba en curso la Conferencia Episcopal Argentina, encabezada por el cardenal Bergoglio, hizo un gran gasto para encargar un documento de 2.600 páginas para afirmar su inocencia. El informe fue condenado por el tribunal argentino como un intento flagrante de interferir con la justicia y perjudicar la audiencia judicial. Mientras tanto, el propio padre Grassi testificó que durante las audiencias había contado con el apoyo personal del propio cardenal Bergoglio. Como sabemos, hay muchos obispos en el mundo cuyas carreras han terminado por acusaciones menos graves que ésta, pero Bergoglio ha logrado salir ileso de ellas. Además, como Papa ha demostrado en muchos casos que no tiene escrúpulos a la hora de proteger a los delincuentes sexuales clericales, independientemente de la supuesta política de tolerancia cero que afirma aplicar.

Creo que vale la pena ofrecer una explicación general o genérica de esta extraña laxitud, que en el fondo tiene sus raíces en la cultura sexual machista de América Latina. En ningún lugar esto es más evidente que en Argentina, donde tradicionalmente se ha dicho que un “maricón” se define como un hombre que sólo se acuesta con su propia esposa. Esta cultura contamina al propio clero. Muy a menudo entre estos latinoamericanos, y de hecho también entre los italianos y otros, hay una inclinación a tratar la visión menos tolerante de las malas prácticas sexuales como una manifestación del puritanismo anglosajón. Con esta actitud, la corrupción sexual que ha proliferado en la Iglesia y el Vaticano tiene pocas esperanzas de ser reformada y, de hecho, ha empeorado mucho bajo el actual Papa.

Los hechos que acabo de mencionar han sido publicados en varios artículos, o en algunos casos descubiertos por mí, en los últimos cinco o seis años, y mi comentario sobre ellos es el siguiente: cuando escribí El Papa dictador el estado de mis informaciones me llevó a dar una imagen de Bergoglio como un hombre con ciertos defectos de carácter que deberían haber sido conocidos por los cardenales cuando eligieron él en 2013; pero en realidad la realidad es mucho peor. Lo que encontramos que existía en 2013 fue una situación de horrible corrupción clerical en la Iglesia argentina, y vemos a Bergoglio sentado directamente en el centro de ella. Ahora bien, no lo estoy acusando de ser él mismo financiera o sexualmente corrupto como los clérigos que protegía. Vuelvo a la descripción que de él hizo el periodista De la Cigoña  como “trabajando cuidadosamente para impresionar a todos con la apariencia de un santo de yeso”. Hay que admitir que Bergoglio siempre ha sido personalmente austero, incluso de un modo ostentoso, pero lo ha combinado con una política de rodearse de personas moralmente débiles y corruptas, precisamente para poder controlarlas y construir su propio poder a través de ellas. y esta política la ha continuado durante todo su pontificado.

Necesitamos mirar la situación que existió en el Cónclave de 2013, después de la sorpresiva abdicación del Papa Benedicto XVI. Se reconoció en general que la Iglesia se enfrentaba a una crisis, y el cardenal Bergoglio fue elegido explícitamente para realizar reformas, particularmente en tres áreas: en primer lugar, el escándalo mundial de abuso sexual clerical que había socavado gravemente la autoridad moral de la Iglesia; en segundo lugar, el pantano de las finanzas del Vaticano; y en tercer lugar, la corrupción moral y política dentro de la Curia Romana, de la cual Benedicto XVI había recibido pruebas aplastantes en un informe presentado en diciembre de 2012. En estas tres áreas, el pontificado del Papa Francisco, lejos de generar reformas, ha empeorado infinitamente las cosas. Caso tras caso, hemos visto a delincuentes sexuales clericales protegidos con un descaro que eclipsa cualquier cosa del pasado. En el área de las finanzas del Vaticano, al principio parecía como si el Papa Francisco estuviera propugnando una reforma genuina. Nombró al cardenal Pell con amplios poderes para reformar las finanzas de los distintos departamentos del Vaticano, pero al cabo de dos años quedó claro que se trataba de una promesa vacía. La auditoría de los departamentos del Vaticano que Pell había iniciado fue cancelada, y fue cancelada por dos de los hombres que el propio Francisco había puesto en el poder: el cardenal Parolin, como Secretario de Estado, y el cardenal Becciu, su adjunto en ese momento. El cardenal Becciu, después de cuatro años de creciente poder, perdió el favor del Papa Francisco en 2020, fue despojado de su cardenalato y actualmente está siendo juzgado por delitos financieros. En 2017, Parolin y Becciu ordenaron entre ellos detener la reforma financiera del cardenal Pell, en una serie de incidentes que ilustran el régimen de dictadura anárquica que ahora prevalece en el Vaticano. Uno de ellos fue el trato dado al laico Libero Milone, que había sido nombrado Auditor General del Vaticano dos años antes para llevar a cabo la reforma financiera. En 2017 fue despedido en circunstancias propias de un estado fascista, cuando la policía del Vaticano irrumpió en sus oficinas y confiscó sus computadoras, mientras que le dieron un ultimátum para que renunciara o fuera arrestado. Como parte de la explicación de este trato, el cardenal Becciu se quejó de que el señor Milone había estado espiando a sus superiores, es decir, que estaba cumpliendo el trabajo para el que lo habían contratado.

El aspecto más notorio de esta represión fue la forma en que se deshizo del cardenal Pell. En 2017 Pell tuvo que regresar a Australia para afrontar cargos históricos de abuso sexual, por los que fue condenado a prisión, hasta que su condena fue anulada en apelación tres años después. En ese momento ya era demasiado tarde para retomar su puesto en el Vaticano. Hay muchas razones para creer que la fiscalía australiana fue instigada y asistida por figuras del Vaticano como medio para detener su reforma, y ​​el Cardenal Becciu ha sido nombrado específicamente como el agente de esta política.

Cuando analizamos la reforma de la Curia en su conjunto, la experiencia de los últimos once años ha sido tan desastrosa como la historia financiera. Y la razón es que el interés del Papa Francisco no es reformar la Curia sino controlarla. Como mencioné antes, siempre ha ejercido su control nombrando para sus cargos a personajes moralmente débiles y comprometidos, que se convierten en sus herramientas incondicionales. Así, en la primera mitad de su pontificado vimos a los pocos individuos de verdadera integridad en la Curia siendo destituidos uno por uno –Burke, Sarah, Müller, Pell– y una colección incomparable de villanos clericales tomó su lugar. Por ejemplo, la Administración del Patrimonio de la Santa Sede, que controlaba el dinero del Vaticano, permaneció bajo la presidencia del cardenal Calcagno, un clerical italiano delincuente de vieja escuela, a pesar de que estaba siendo investigado por delitos inmobiliarios en su diócesis anterior, que dañaron las finanzas de la diócesis. También era un conocido protector de los delincuentes sexuales clericales. Permaneció en su poderoso cargo y tuvo el privilegio de cenar todas las noches con el Papa Francisco hasta que se jubiló por motivos de edad en 2018.

Un nombramiento aún más escandaloso por diferentes motivos fue el del arzobispo sudamericano Peña Parra, que reemplazó al cardenal Becciu como adjunto a la Secretaría de Estado en 2018. Peña es un hombre que, siendo estudiante, fue despedido de su primer seminario como moralmente sospechoso, y se dice que hizo su carrera al amparo de un círculo de clérigos homosexuales que lo protegieron y promovieron. Se ha alegado que huyó de su Venezuela natal y se refugió en Roma después de un grave incidente que provocó la intervención de la policía venezolana. Estos antecedentes no han sido obstáculo para que Peña se convierta en el segundo hombre más poderoso de la Secretaría de Estado, cargo que aún ocupa. Es sólo un ejemplo del círculo de latinoamericanos desagradables que han sido promovidos a la cima de la Iglesia bajo el actual Papa. Y así continúa, con unos nombramientos escandalosos tras otros, que hunden cada vez más la reforma moral de la Curia en el reino de la imposibilidad.

Sin embargo, los medios de comunicación del mundo, que atacaron tan salvajemente a Benedicto XVI en cada oportunidad, han permanecido en silencio ante escándalos que habrían destruido cualquier otro papado. La razón es simple: el Papa Francisco les da exactamente lo que quieren. Están buscando un Papa que debilite a la Iglesia y la someta a su propia agenda secularizadora, y eso es exactamente lo que el Papa Francisco les está dando. Esta es, por tanto, la clave de la pregunta: ¿qué es exactamente lo que Francisco hace en su pontificado? Desde el principio, la audiencia ante la que ha estado actuando han sido los medios de comunicación seculares, junto con el establishment intelectual y político despierto, y por el bien de ellos abraza todas las causas seculares de moda, en detrimento de la enseñanza católica real. Sus palabras y acciones han sido calculadas exclusivamente para ganarse la aprobación del mundo, y lo ha logrado por completo. Tan completamente que puede darse el lujo de ignorar a cualquier otro electorado y salirse con la suya con un amiguismo y una corrupción clerical por los cuales los medios lo habrían atacado salvajemente si hubiera venido de un Papa conservador.

Un corolario de esto es su impulso contra la tradición. El Papa Francisco sabe perfectamente que el único obstáculo real a su revolución proviene de los tradicionalistas de la Iglesia católica, el único elemento con agallas dispuesto a reconocer que el emperador está desnudo. De ahí la campaña que ha emprendido a lo largo de su pontificado contra los católicos llamados “rígidos” y “atrasados”, de quienes se burla en cada oportunidad. Repitió este tema hace apenas unas semanas, cuando dijo que es un escándalo que jóvenes sacerdotes acudan a los sastres eclesiásticos para encargar sotanas y vestimentas tradicionales. Todos sabemos cuáles son los verdaderos escándalos en la Iglesia moderna, pero los únicos que molestan al Papa Francisco son los de los sacerdotes que siguen la tradición. De ahí también su ascenso del cardenal Roche a Prefecto del Culto Divino en sustitución del cardenal Sarah, y el Motu Proprio Traditionis Custodes para deshacer la obra de Benedicto XVI (por cierto, se ha señalado que una posible traducción de Traditionis Custodes es “los carceleros de la tradición”, que es ciertamente la tarea que quiieren desempeñar el cardenal Roche y el Papa Francisco). Al igual que el Papa Francisco, al cardenal Roche también le gusta sermonear a los católicos tradicionales sobre lo anticuados que están. Se ha señalado que la Iglesia Católica es la única institución en la que hombres de setenta y ochenta años continuamente le dicen a personas de veinte y treinta años que deben seguir adelante. Al Papa Francisco le conviene pretender que el tradicionalismo católico es una cuestión de que a los sacerdotes les gusta usar sotana y usar incienso en la iglesia, pero sabe muy bien que es una cuestión de doctrina, del Depósito de la Fe, de la filosofía perenne de la Iglesia, de los tesoros de la espiritualidad; y por eso es un obstáculo insalvable para un Papa que intenta conducir a la Iglesia por los caminos del secularismo moderno.

Antes de terminar, debo comentar la situación en la que nos encontramos ahora. Como dije al principio, los acontecimientos de los últimos tres meses han tomado por sorpresa incluso a quienes no se hacían ilusiones sobre el régimen actual. La espiral descendente se ha acelerado hasta un punto que yo no podía prever. Lo que hemos visto en los últimos tres meses son los escándalos del papado del Papa Francisco en su forma más concentrada. Comenzaré con el escándalo del abuso y encubrimiento sexual clerical, cuyo ejemplo más flagrante ha aparecido mucho en las noticias. Éste fue el caso, del que estoy seguro todos habrán oído hablar, del padre jesuita  Rupnik, acusado de abusos sexuales del tipo más horrendo infligidos a religiosas de las que se suponía era director espiritual. El abuso incluía elementos sacrílegos atroces en los que no entraré y había estado ocurriendo durante décadas, pero los jesuitas no hicieron nada al respecto. A principios de este año decidieron tardíamente que era mejor prescindir del P. Rupnik y lo expulsaron de la Fraternidad, pero la protección del Vaticano continuó. El P. Rupnik había sido declarado culpable del grave delito canónico de absolver a una de sus parejas sexuales en el confesionario y había incurrido en la pena automática de excomunión, pero la excomunión fue levantada al cabo de un mes. No sólo eso, sino que precisamente en ese momento el P. Rupnik fue invitado a predicar un retiro dentro del propio Vaticano. Los intentos de llevar a este sacerdote a juicio eclesiástico se vieron obstaculizados por el hecho de que sus delitos prescribían; esto puede levantarse en los casos apropiados, pero el Papa Francisco no lo hizo. Negó públicamente su participación en el caso, pero Christopher Altieri ha escrito: “altos eclesiásticos cercanos a Francisco han sugerido firmemente que Francisco tuvo prácticamente todo que ver con la gestión del mismo”. De hecho, el padre Rupnik es un ejemplo típico de los compinches clericales inmorales a quienes el Papa Francisco ha estado protegiendo consistentemente a lo largo de su pontificado y antes de él.

A mediados de este año el encubrimiento de Rupnik estaba alcanzando su punto máximo. Había figuras, como el cardenal jesuita Ladaria, Prefecto de la Doctrina de la Fe, que quería que el P. Rupnik fuera completamente castigado, y se dice que esa fue la razón por la que Ladaria fue notoriamente desinvitado al reciente Sínodo sobre la Sinodalidad. . Las fuerzas del Vaticano incluso estaban tratando de anular la excomunión anterior del padre Rupnik por considerarla irregular. Finalmente se provocó una protesta pública, en primer lugar cuando un informe de la propia Comisión para la Protección de Menores del Vaticano criticó la laxitud mostrada, y en segundo lugar cuando se reveló que el P. Rupnik, a pesar de su expulsión de los jesuitas y de las acusaciones aún pendientes sobre él, había sido recientemente incardinado en la diócesis de Koper. A finales de octubre, el Vaticano finalmente anunció que se habían puesto en conocimiento del Papa defectos en el manejo del caso del P. Rupnik y que éste había decidido renunciar al plazo de prescripción para permitir que fuera juzgado. Sobre esto, Christopher Altieri ha comentado: “Increíblemente oportuno y explicado de manera absurda, este anuncio sólo confirma una vez más que la responsabilidad, la rendición de cuentas y la transparencia son trivialidades claramente cínicas. El acto de poder puro muestra que el Estado de derecho en la Iglesia es una farsa”.

¿Cuáles son los otros actos papales en las últimas semanas? Hemos tenido la Exhortación Apostólica Laudate Deum, sobre la llamada crisis climática, en la que, como alguien ha comentado, el Papa Francisco se ha vuelto plena Greta Thunberg. La exhortación declara: "Ya no es posible no creer en la causa principalmente humana del cambio climático". Muchos artículos de la fe cristiana han sido sacudidos, pero alegrémonos de que el Papa Francisco todavía defienda un dogma de fe incuestionable. Luego están los escándalos morales que hemos visto, el hecho de que, por ejemplo, al cardenal Ricard de Francia se le haya permitido conservar su cardenalato a pesar de haber admitido haber abusado sexualmente de una niña de 14 años hace años, o que el Papa Francisco una vez más, en el caso del obispo Gisana de Sicilia, ha defendido a un obispo acusado de proteger a abusadores sexuales y ha denigrado a sus acusadores.

Todo esto es impactante, pero lo que debemos observar es un evento de consecuencias más graves para la Iglesia. Este es el curso abiertamente cismático del Camino Sinodal Alemán, que ha procedido sin ningún intento por parte del Papa Francisco de frenarlo o reprenderlo. El 3 de noviembre, el obispo de Speyer anunció que autorizaba la bendición de parejas homosexuales y preparaba una lista de sacerdotes de su diócesis dispuestos a realizarla. De nuevo, completo silencio desde Roma. Sólo unos días después llegó el anuncio de que el obispo Strickland de Tyler había sido despedido por no seguir la línea modernista. Aquí vemos demostrado con perfecta simetría el patrón del pontificado del Papa Francisco: el hereje es protegido y el fiel obispo católico es despedido. El cardenal Müller ha calificado públicamente la destitución del obispo Strickland como un abuso del derecho divino del papado. Un periodista italiano se ha visto obligado a describir este papado como “el pontificado de las purgas” y a contrastar la práctica de Francisco con su supuesto lema de misericordia. Peter Kwasniewski ha comentado:

Hace años, Henry Sire llamó al Papa Francisco “el Papa dictador”. Una y otra vez esta evaluación ha sido reivindicada, y nunca más que cuando el Papa depone a un obispo sin el debido proceso, en contra del derecho canónico y por ningún delito grave imaginable. Ha combinado la mentalidad “Yo soy la Tradición” de Pío IX con el lema de Juan Perón: “Al amigo, todo”. Al enemigo, ni  justicia”.

Por muy grave que sea todo esto, debemos prestar más atención al Sínodo sobre la Sinodalidad, recientemente cerrado, porque es el medio por el cual el Papa Francisco está intentando institucionalizar su revolución. El primer comentario a hacer es que todos estos sínodos, incluidos los dos anteriores sobre la familia, han sido gestionados de manera que permitan a una camarilla de modernistas avanzar en su programa bajo el pretexto de un proceso consultivo. Para citar a un observador italiano,

El desarrollo de los distintos Sínodos de este pontificado, comenzando por el de la familia, y terminando de manera rotunda con el último, demuestra que las reglas de las discusiones y deliberaciones, preparadas previamente con la selección de los propios participantes, han sido cambiadas repetidamente para silenciar el evidente rechazo por parte de la mayoría eclesial de la línea única de pensamiento que se le intentaba imponer, y para impedir la aparición en el Sínodo de una línea que no concordaba con la predeterminada desde la superioridad.

Sin embargo, cuando surgió el informe final del Sínodo todos recibimos una sorpresa; resultó ser inesperadamente no concluyente. Muchos de nosotros nos quedamos desconcertados por esto por un momento, pero la explicación la obtuvimos de una revelación de noticias que apareció poco después. Se trataba de la divulgación de un plan para cambiar las reglas de los cónclaves papales con el fin de introducir la participación de los laicos, incluidas las mujeres. Lo que esto nos mostró fue que el objetivo del Sínodo anterior no había sido el documento que surgiera de él, sino el proceso mismo. Fue diseñado para ablandar a la Iglesia para una revolución en la elección papal. Así, tuvimos obispos que hicieron declaraciones como: “De ahora en adelante será imposible celebrar un Sínodo sin la participación de los laicos”. Si fuera así, la gente también exigiría una elección papal en condiciones similares.

Esta noticia reveló que durante meses se habían mantenido conversaciones entre el Papa y el cardenal Ghirlanda para cambiar las reglas del Cónclave. El cardenal Ghirlanda, por cierto, además de ser jesuita, es el defensor de una visión teológica extrema del poder papal que lo convierte en el agente ideal para afianzar el régimen de dictadura pontificia. Tan pronto como la historia salió a la luz, hubo una rápida negación por parte del Vaticano, acompañada de furiosos esfuerzos dentro de los distintos dicasterios para descubrir quién había sido el responsable de la filtración. La lección que esto mostró fue que el Vaticano descubrió que había perdido el control de la narrativa, como se dice hoy en día, y se había sentido avergonzado por una revelación que se adelantó a sus planes. Creo que hay pocas dudas de que la así llamada reforma seguirá adelante, pero presumo que la revelación prematura ha alterado el calendario del Papa Francisco.

Sin embargo, no todas las noticias papales las hace la propia Roma. Un acontecimiento muy significativo ha llegado desde Argentina, con las elecciones presidenciales del domingo pasado y la llegada al poder de Javier Milei. En primer lugar, esto fue directamente contrario a la política de la Iglesia, que, aparentemente por orden de Roma, había estado haciendo campaña abiertamente contra Milei e instando a los votantes a votar en su contra. Más concretamente, Milei es un enemigo declarado del Papa Francisco y lo ha insultado públicamente, mientras que su vicepresidenta, Victoria Villarruel, es una católica tradicionalista. La Croix ha comentado sobre el resultado: “Francamente, si un grupo de aficionado a los asuntos eclesiásticos se sentara en un bar y tratara de esbozar en una servilleta un programa que equivaliera a un rechazo total de la agenda de un Papa en ejercicio, es dudoso que se les hubiera ocurrido algo más vívido que lo que realmente sucedió”. Un comentario más estricto proviene de un experto político argentino, el profesor Peretó, quien afirmó en una entrevista reciente que la victoria de Milei

representa un desaire a Bergoglio y confirma lo que todo el mundo sabe: a los argentinos no les gusta el Papa Francisco y no lo quieren. Desde hace años, cuando aparecen noticias sobre Bergoglio en periódicos y portales, los administradores se ven obligados a cerrar los comentarios de los lectores, en su mayoría despectivos y duros. Mucha gente puede haber pensado que el rechazo a Bergoglio estaba generalizado sólo entre quienes leen y se mantienen informados. Ahora se ha demostrado que está presente en todos los estratos sociales, incluso entre los pobres. Por eso mismo, Bergoglio nunca vendrá a la Argentina, porque su viaje sería un fracaso. Por cierto, la mayoría del bajo clero, especialmente los sacerdotes más jóvenes, están hartos de Bergoglio y no quieren tener nada que ver con él: un rechazo que abarca todo lo que el Papa hace y defiende

Ésa es la opinión de Argentina, que podría aconsejar al resto del mundo que prestara atención, como lo habrían hecho los cardenales electores en 2013.

Por lo tanto, parece que también en este ámbito los planes del Papa Francisco han fracasado, y no deberíamos subestimar las consecuencias para un Papa que es un político tan desnudo como Francisco. Entonces, en resumen, ¿qué podemos esperar para el futuro inmediato? Dudo en hacer predicciones, pero lo que nos han demostrado los acontecimientos de las últimas semanas es que el Papa Francisco es un anciano con prisas. Está desesperado por institucionalizar su revolución antes de morir, y no se detendrá ante nada para lograrlo. Entonces, la respuesta a la pregunta “¿cuánto más bajo podemos hundirnos?” es que probablemente no haya límite y podemos esperar que nos escandalicen atrocidades cada vez peores. Sin embargo, el Papa Francisco debe tener en cuenta que no tiene el control de todo. Además de las elecciones presidenciales en Argentina, más cerca de casa hay una ley muy tradicional que él no tiene poder para derogar: la ley de la mortalidad humana. La realidad final es que el Papa Francisco no estará aquí para siempre, pero en cambio Cristo nos ha dicho: “He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo”.

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Henry Sire es historiador escritor. Autor de El Papa dictador, y de libros sobre historia y biografías católicas, incluido uno sobre el famoso jesuita, escritor y filósofo inglés, el padre Martin D'Arcy. El Papa Dictador es el fruto de la residencia de cuatro años de Henry Sire en Roma, de 2013 a 2017. Durante ese tiempo conoció personalmente a muchas figuras de la Vaticano, incluidos cardenales y funcionarios de la curia, junto con periodistas especializados en asuntos del Vaticano.