miércoles, 16 de junio de 2021

Nuestra mirada se dirige hacia el futuro



«Nuestra mirada se dirige hacia el futuro. Ahora debemos ayudar al mundo, que está sangrando de mil heridas. No sólo queremos aliviar las necesidades exteriores. Ante todo, debemos despertar en los corazones de los hombres la fe sepultada y la confianza en Dios. Queremos rezar mucho, ofrecer mucho, amar mucho». 

P. José Kentenich (1885-1968)

miércoles, 9 de junio de 2021

¿Ha desaparecido la obediencia?

Frente a los despropósitos litúrgicos que vemos a diario, totalmente contrarios a las normas de la Iglesia, muchos se preguntan si ha desaparecido la obediencia. No, no ha desaparecido. Se ha desplazado. Los únicos que todavía son obligados a obedecer  son los laicos...


miércoles, 2 de junio de 2021

Te saludamos, Madre de Dios


Te saludamos, María, Madre de Dios, 
tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, 
lámpara inextinguible, 
corona de la virginidad, 
trono de la recta doctrina, 
templo indestructible, 
lugar propio de aquel 
que no puede ser contenido en lugar alguno, 
madre y virgen, 
por quien es llamado bendito, 
en los santos evangelios, 
el que viene en nombre del Señor. 

Te saludamos, a ti, 
que encerraste en tu seno virginal 
a aquel que es inmenso e inabarcable; 
a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; 
por quien la cruz preciosa 
es celebrada y adorada en todo el orbe; 
por quien exulta el cielo;
 por quien se alegran los ángeles y arcángeles; 
por quien son puestos en fuga los demonios; 
por quien el diablo tentador cayó del cielo; 
por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; 
por quien toda la creación, 
sujeta a la insensatez de la idolatría, 
llega al conocimiento de la verdad; 
por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo 
y el aceite de la alegría; 
por quien han sido fundamentadas las Iglesias 
en todo el orbe de la tierra; 
por quien todos los hombres son llamados a la conversión. 

Y ¿qué más diré? 
Por ti, el Hijo unigénito de Dios 
ha iluminado a los que vivían en tinieblas 
y en sombra de muerte; 
por ti, los profetas anunciaron las cosas futuras; 
por ti, los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; 
por ti, los muertos resucitan; 
por ti, reinan los reyes, por la Santísima Trinidad.

San Cirilo de Alejandría

miércoles, 26 de mayo de 2021

La Iglesia prescindible

En "Carta sobre el humanismo" Heidegger evoca una anécdota atribuida al profundo y oscuro Heráclito. Varios forasteros, ansiosos por encontrarse con el sabio, llegan a visitarlo, pero con gran sorpresa se encuentran con que el gran pensador se encuentra, sencilla y vulgarmente, calentándose junto a un fuego:

El grupo de los visitantes forasteros se encuentra en un primer momento decepcionado y desconcertado cuando en su intromisión llena de curiosidad por el pensador reciben la primera impresión de su morada. Creen que deberían encontrar al pensador en una situación que, frente al modo habitual de vida del resto de la gente, tuviera la marca de lo extraordinario y lo raro y, por ende, emocionante. (...) Los forasteros que van a visitar al pensador tal vez esperan sorprenderlo precisamente en el instante en que, sumido en profundas reflexiones, piensa. (...)
En lugar de todo esto, los curiosos se encuentran a Heráclito junto a un horno de panadero. Se trata de un lugar de lo más cotidiano e insignificante. Es verdad que ahí se cuece el pan. Pero Heráclito ni siquiera está ocupado en esa tarea. Sólo está allí para calentarse. De modo que delata en ese lugar, ya de suyo cotidiano, lo elemental que es su vida. La contemplación de un pensador friolento presenta poco interés. Y por eso, ante ese espectáculo decepcionante, los curiosos también pierden enseguida las ganas de llegarse más cerca. ¿Qué pintan ahí? Una situación tan cotidiana y sin atractivo como que alguien tenga frío y se acerque a un horno es algo que ya pueden encontrar todos en sus casas. Así que, ¿para qué molestarse en ir en busca de un pensador? Los visitantes se disponen a volver a marchar.

La anécdota parece  apropiada para describir el estado actual de la Iglesia. En estos tiempos difíciles, como siempre, quienes se acercan a visitar a la Esposa de Cristo esperan recibir de ella un mensaje profundo y decisivo sobre el hombre y sobre su destino eterno, sobre Dios, sobre el pecado y la gracia, sobre la virtud y sobre la vida eterna. «En lugar de todo esto, los curiosos» encuentran a la Iglesia preocupada por cuestiones menores e insustanciales. Como ocurre con el pensador del relato,  quienes se acercan a la Iglesia se sienten decepcionados, muchas veces, porque está ocupada en situaciones "tan cotidianas y sin atractivos", tan "insignificantes", que sienten ganas de marcharse.

Permítasenos algunos ejemplos.

«Las legumbres son un alimento noble con enorme potencial para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables».

El autor de esta frase no es un vegano empedernido, un funcionario de la F.A.O. o un difusor de las bondades de las huertas urbanas. Quien escribió lo que acabamos de leer es el papa Francisco, Vicario de Cristo, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal. «La contemplación de un pensador friolento», igual que la de un Papa preocupado por las lentejas y los porotos, «presenta poco interés».

El fenómeno no es nuevo, pero ha tomado una dimensión extraordinaria en la última década, por decir un plazo. En efecto, volcada la Iglesia hacia cuestiones mundanas o comprometida con causas meramente terrenales, termina decepcionando al que busca en ella «la marca de lo extraordinario».

Otro ejemplo. La frase que sigue puede leerse en la encíclica Laudato Si':

«Los hábitos dañinos de consumo (...)  no parecen ceder sino que se amplían y desarrollan. Es lo que sucede, para dar sólo un sencillo ejemplo, con el creciente aumento del uso y de la intensidad de los acondicionadores de aire».

¿A título de qué un Papa debe opinar ¡en una encíclica! sobre el uso de acondicionadores de aire? Se trata de un tema «de lo más cotidiano e insignificante» comparado con el fin del hombre y con su destino eterno. Seguramente hay expertos en ecología, en el supuesto "calentamiento global", en el supuesto "cambio climático", que pueden opinar con fundamento al respecto. Pero, ¿qué hace la Iglesia metida a hablar de estos temas? Los forasteros que se acercan a la Iglesia para escuchar "palabras de vida eterna", ante este despropósito «se disponen a volver a marchar».

En el ámbito de la Liturgia, la situación se torna evidentemente escandalosa. Desde hace varias décadas, muchos cristianos (sacerdotes y laicos) se empecinan en hacer de la misa algo tan cotidiano, festivo, horizontal, rampante y vulgar, que la convierten en un «espectáculo decepcionante», ante el cual «los curiosos también pierden enseguida las ganas de llegarse más cerca». Los resultados están a la vista de quien quiere verlos.


Una Iglesia que habla de frijoles y de equipos de refrigeración,  que rinde culto a  la Pachamama,  cuyas celebraciones son ruidosas, improvisadas  y pedestres, que desprecia la belleza,  que habla más de la "Madre Tierra" que del Padre del cielo,  que ya no habla del pecado; una Iglesia cuya Liturgia es un show más que un culto piadoso al Dios vivo y verdadero... es una Iglesia totalmente prescindible.   

«Así que, ¿para qué molestarse en ir en busca» de esa Iglesia insustancial y vulgar?  

«Los visitantes se disponen a   volver  a marchar»

miércoles, 19 de mayo de 2021

Oración al Espíritu Santo

En preparación a la Solemnidad de Pentecostés, que celebraremos el domingo



miércoles, 12 de mayo de 2021

«La tempestad»

Con el título «La tempestad» el blog católico Wanderer publicó hace pocos días un artículo cuyas partes principales reproducimos a continuación.

En 1914, dice la nota, Ronald Knox escribió un breve folleto

en el que mostraba a través de una sátira las consecuencias que podían tener las actitudes aperturistas que algunos sectores minoritarios de la iglesia anglicana exhibían en ese momento, y que se habían puesto de manifiesto en una reunión ecuménica celebrada en la ciudad africana de Kikuyo. Pocas décadas más tarde, esa iglesia superó con creces las sátiras que había imaginado Knox. 

Yo no dejo de ver cómo la Iglesia Católica esta siguiendo, con menos de un siglo de atraso, los pasos anglicanos; y mucho me temo que, si seguimos en la misma ruta, terminemos como han terminado ellos. En los ’80, ni aún el más ácido de los comentaristas religiosos hubiese podido imaginar que cuarenta años más tarde se estuviera discutiendo con seriedad la licitud y conveniencia de bendecir, cuando no casar, a parejas del mismo sexo. 

Los anglicanos, sin embargo, tenían una ventaja sobre nosotros; tenían una chalupa aparcada junto a la nave que se iba a pique y que permitiría a quienes quisieran salvarse del naufragio. Cuando en 1993 la iglesia de Inglaterra decidió ordenar mujeres sacerdotes, Graham Leonard, Obispo de Londres, decidió dejar esa comunión y convertirse a la Iglesia de Roma, en la que fue ordenado sacerdote poco después. Cuando en 2010 dieron un paso más y decidieron ordenar mujeres obispos, fueron cinco los obispos anglicanos que volvieron a la Iglesia Católica y este movimiento no se ha detenido. Hace poco más de un año, otro obispo del sur de Inglaterra y antiguo capellán de la Reina, se convertía. Y lo mismo ha sucedido con muchísimos sacerdotes y fieles. Se subieron a la chalupa y se alejaron del naufragio.

El problema es que los católicos no tenemos chalupa o, mejor dicho, estamos en la nave que se está hundiendo rápidamente bajo el comando del Papa Francisco.

Respecto del "cisma alemán" que probablemente se producirá luego de finalizado el famoso “camino sinodal”,  la nota señala que no ocurrirá nada 

Los alemanes no harán ninguna declaración oficial de separación de la sede de Pedro y aplicarán con mayor o menor premura las resoluciones a las que lleguen. Y no sería raro que un par de años, o antes, algún obispo ordene diaconisas, y poco más adelante sacerdotisas. Y no será raro tampoco que casen a divorciados y a homosexuales, y vaya uno a saber qué otros disparates. Y Roma no hará nada, con Francisco o con quien sea que lo suceda, y no lo hará no por falta de convicción sino por falta de fuerzas. Sabe perfectamente que cualquier sanción o prohibición que establezca será desoída. O bien, pasará por la criba de los discernimiento en los que tanto ha insistido Bergoglio, y los obispos tedescos terminarán diciendo que tales ordenanzas no son de aplicación en sus territorios. A Roma los únicos que la obedecen son los obispos y católicos conservadores.

...

La nave de la Iglesia está naufragando y se acerca lo peor de la tormenta. Sus oficiales eligieron al más chapucero e improvisado de los capitanes que podía encontrar quien, en vez de ordenar trincar velas e izar el tormentín para capear la tempestad, se adentra en ella con todo el velamen desplegado. Y nosotros a bordo, como corresponde, asustados, cansados y tristes. Sabemos, claro, que hay Alguien que duerme y que despertará en el momento apropiado pero, mientras tanto, debemos soportar los vaivenes de las olas y los vientos.

miércoles, 5 de mayo de 2021

«El próximo Papa y la extinción de la vida religiosa»

Publicamos a continuación algunos fragmentos de una nota publicada en el blog The Wanderer en el mes de febrero, titulada «El próximo Papa y la extinción de la vida religiosa»

Pensábamos ilustrar esta entrada con imágenes que testimoniaran la patética decadencia de la vida religiosa, pero el texto es de por sí demasiado triste...


El próximo Papa y la extinción de la vida religiosa

«Uno de los temas más preocupantes que deberá enfrentar el sucesor del Papa Francisco será el del desmoronamiento y posible extinción de la vida religiosa. No hace falta extenderse demasiado para probar esta afirmación. El blog de la Cigüeña de la Torre lleva cuenta pormenorizada de las casas religiosas que desaparecen en las diócesis españolas. No pasa semana sin que no aparezca una o dos mala nueva de ese tipo. El proceso de desaparición es ya irreversible para muchas congregaciones, sobre todo las más pequeñas: los noviciados han cerrado definitivamente pues ya no tienen vocaciones, y las religiosas o religiosos que quedan, vegetan esperando la muerte, la suya propia y la de su congregación. Los obispos, en tanto, se frotan las manos porque generalmente los bienes (grandes colegios, residencias, edificios) son “vendidos” a las diócesis por precios irrisorios.

En otros casos, y a fin de sobrevivir, los superiores decidieron recibir en sus filas a lo que venga, cualquiera fuera la calidad del candidato. Presentan, entonces, noviciados con un número aceptable de vocaciones; la mayor parte de ellos desertará afortunadamente, pero la perspectiva de esos institutos regidos por los que quedan es espeluznante. 

Veamos un ejemplo. Hace muy pocos días se realizó en la casa de formación de la provincia argentina de los Hermanos de las Escuelas Cristianas o de Lasalle, el ingreso al postulantado de un joven. Aquí pueden ver la ceremonia, y aclaro que es real y que no se trata de un sketch grotesco de algún irreverente director italiano ni de una remake de La armada Brancaleone. El acto tiene lugar en una pequeña sala de estar; los miembros de la comunidad religiosa están en bermudas y tomando mate, durante la lectura del Evangelio ni se mosquean y el melenudo del fondo continúa repantigado en su sillón, y cuando al nuevo postulante le cuelgan la crucecita al cuello que lo distinguirá en su nuevo carácter, todos hacen mohínes de señorita. 

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El decaimiento de la vida religiosa es uno de los problemas que más claramente pueden vincularse a los frutos del Concilio Vaticano II. Son muy conocidas las estadísticas que señalan el impacto destructivo que produjo el engendro del Papa Juan XXIII entre los religiosos: miles de de ellos dejaron los hábitos en el término de pocos años y los nuevos ingresos se redujeron drásticamente hasta desaparecer del todo. Bergoglio, en todo caso, comparte la responsabilidad de haber desvirtuado completamente el sentido misionero de la fe cristiana, proclamando a diestra y siniestra que no es necesario ser católico para salvarse, que todo da más o menos lo mismo, que las monjas son solteronas, que los curas tienen cara de pepinillos en vinagres y que los jóvenes piadosos tienen algún desorden psicológico. ¿Qué sentido puede tener, entonces, entrar en religión? ¿Por qué un joven hecho y derecho se decidiría a entrar a los Hermanos de Lasalle? Destruido el ideal cristiano de convertir a los demás a la fe y entregar la vida en holocausto al Señor, sólo ingresarán quien no sabe qué hacer de su vida, quien es un holgazán que busca una vida cómoda, quien es un pícaro ambicioso que sabe que en pocos años será el dueño virtual de un imperio inmobiliario y el CEO de una empresa educativa multinacional que genera millones al año, o un baldado que, de quedarse en el mundo, terminaría viviendo en la calle. 

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Es verdad también que la situación que se avecina permitirá llevar a cabo, por las malas, una purificación que era necesaria. En mi opinión, la proliferación incontrolada de la nuevas congregaciones religiosas, sobre todo femeninas, en el siglo XIX, fue un desacierto. Cada obispo quería tener su propia congregación diocesana y cada cura soñaba con ser padre fundador. Y había casos en que no se contentaban con fundar un solo instituto. (...) O bien, era bastante habitual que, una vez muerto el fundador, las fundadas se pelearan entre ellas, y la congregación naciente, cual estrella de mar, se reprodujera por escisión, y de una salieran dos o tres nuevas congregaciones.  Si la vida religiosa logra sobrevivir, y si hay aún tiempo, creo que sería conveniente reducir y limitar los famosos “carismas” , y volver a un número sensato de institutos religiosos.

Por otro lado, esta cuasi desaparición de la vida religiosa tal como la conocimos será también un sinceramiento. Las congregaciones de vida activa nacieron fundamentalmente ordenadas a uno de estos tres objetivos: las misiones, la educación, o la protección de los más desamparados (enfermos, ancianos, niños, mujeres de la calle, etc.). Los misioneros han dejado ya de tener sentido por lo que ya mencionamos. Desde que se nos dijo hasta el cansancio que la Iglesia no debe reclamar para sí la exclusividad del camino del salvación; se nos habló de la dignidad de todas las religiones, aún las paganas; se nos sentenció a respetar el sacrosanto santuario de las conciencias y el Papa Francisco nos ha machado sobre la maldad del proselitismo, las misiones y los misioneros están de más. Un misionero católico en África, en la actualidad, sólo sirve para lograr que una aldea posea agua potable o para conseguir de la ONU algunas bolsas de trigo. 

Las congregaciones educadoras, si bien algunas pocas nacieron en el siglo XVI, [tuvieron] su auge (...) después de la Revolución Francesa, cuando los Estados dejaron de ser católicos y en las escuelas públicas comenzaron a enseñarse los ideales revolucionarios. Los religiosos, entonces, aseguraban a las familias católicas que sus hijos serían educados en la fe y prevenidos de los peligros del nuevo mundo secular. Pero cuando el Vaticano II nos despabiló explicándonos las bondades del mundo, del que ahora debíamos ser estrechos amigos, y los papas posteriores se preocuparon de señalarnos los elementos valiosos que encuentran en los ideales revolucionarios, ¿para qué, entonces, procurar una enseñanza católica? Sumado a eso, el envejecimiento y falta de renovación de los religiosos, provocó que la mayor parte de las instituciones educativas católicas estén en la actualidad en manos de laicos, que se han convertido en meros gestores, preocupados en el mejor de los casos por elevar el nivel académico de esas instituciones y lograr así más alumnos, y más ingresos. Aceptan pasivamente todas las imposiciones del Estado en cuanto a la enseñanza de contenidos tales como educación sexual, ideología de género y otros similares, y la religiosidad se limita a una rápida oración mal hecha por las mañanas, y a una misa una vez por mes. Los obispos, en tanto, que debieran velar por estos colegios, se mantienen contentos y tranquilos si reciben mensualmente el cheque con el porcentaje de ingresos acordado. Salvo muy contadas excepciones, la vida religiosa dedicada a la educación no tiene ya ningún sentido. 

Aquellas instituciones, finalmente, dedicadas a la protección de los más necesitados, están también en problemas. Los hospitalarios, que son los que llevan la vida más dura, suelen tener un número aceptable de vocaciones, sencillamente porque son genuinas. Dedicar la vida a cuidar de noche a los enfermos, como las Siervas de María, es cosa seria. Las congregaciones empeñadas en el cuidado de los niños expósitos, desfallecen, entre otras razones, por los escándalos que han salido a luz. El aberrante caso de la perversión de varios miembros de la congregación fundada por Antonio Próvolo para la educación de los sordomudos es más que significativa. Y aquellos institutos dedicados al servicio de los pobres, quizás la mayoría de este rubro, han convertido a sus escasos miembros en asistentes sociales, activistas de barrio y organizadores de ollas populares. Para hacer eso no es necesario consagrarse a Dios. 

Es verdad que hay algunos pocos casos de comunidades religiosas florecientes. Algunas provincias de órdenes religiosas seculares, por ejemplo, han logrado mantenerse fieles a la fe y a los ideales fundacionales, y las vocaciones no le faltan. Algunos institutos nacidos al calor del entusiasmo juanpablista y arropados por él, continúan con buen número de ingresos pero buena parte de ellos están heridos de muerte debido a los escándalos sexuales protagonizados por sus fundadores, que no dejan de crecer y de comprometer cada vez a más miembros. Los institutos tradicionales, amparados por la ex Comisión Ecclesia Dei, tiene también vocaciones pero hay que reconocer que todos estos casos juntos no son más que una gota en el mar y que, además, tienen a todo el episcopado en contra esperando cortarles la cabeza cuando apenas tengan oportunidad. No les veo mucho futuro, al menos como esperanza de restauración de la vida religiosa.   

Mucho me temo, entonces, que el próximo Sumo Pontífice tenga que enfrentarse a la desaparición de la vida religiosa tal como la Iglesia la conoció a partir del siglo XVI. Y, como en todo aquello en lo que interviene la Providencia, me pregunto si no será mejor así».