jueves, 1 de enero de 2026

miércoles, 31 de diciembre de 2025

A la Madre del Amor Hermoso

En este último día del año, celebrando anticipadamente la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, ofrecemos los Praenotanda y los textos propios de la Misa "LA VIRGEN MARÍA, MADRE DEL AMOR HERMOSO" del Misal de la BVM.

Las fotos que ilustran esta entrada las tomamos en 2023 en la iglesia porteña de San Benito



En el Missale Romanum (ed. 1962), que estuvo en vigor hasta la promulgación del Missale reformado según las normas del Concilio Vaticano II (ed. 1970), en la sección Pro aliquibus locis, el día 8 de mayo (antes el 31 de mayo), se halla la misa Beatae Mariae Reginae sanctorum omniun et Matris pulchrae dilectionis (pp. 157-158).

La expresión «madre del amor hermoso» aparece en el libro del Eclesiástico 24, 24 (según el texto latino de la Nova Vulgata): «Yo soy la madre del amor hermoso, del temor, del conocimiento y de la esperanza santa», y desde el siglo X se ha empleado con frecuencia en las misas de Beata.

La Iglesia, en esta misa, según la tradición tanto del Oriente como del Occidente, celebrando el misterio y la función de santa María, contempla con gozo su espiritual belleza. La belleza es el resplandor de la santidad y de la verdad de Dios, «fuente de toda belleza (Co 2), e imagen de la bondad y de la fidelidad de Cristo, «el más bello de los hombres» (Co 1; Sal 44 [45], 3).

En el formulario la santísima Virgen es llamada «hermosa» por tres razones: porque, por el hecho de ser «llena de gracia» (Ev, Lc 1, 28) y «adornada con los dones del Espíritu Santo (Co 3), «resplandece toda hermosa / ... gloria de (su) Hijo y compendio de virtudes» (Co 2); porque amó a Dios, al Hijo hermoso y a todos los hombres con un amor hermoso, esto es, un amor virginal, de esposa y de madre; porque participó hermosamente en el misterio de la concepción y del nacimiento de Cristo y en el de su muerte y resurrección (cf. Pf, es decir, se adhirió con fuerza y con suavidad, con armonía y con fidelidad al designio salvador de Dios.

Para celebrar la hermosura espiritual de santa María, el formulario emplea figuras e imágenes bíblicas y patrísticas, usadas en la sagrada liturgia. En efecto, en la persona de santa María, que es «toda hermosa» y en la cual «no hay ... defecto» (cf. Sal resp, Ct 4, 7), se encuentran, elevadas al máximo, las egregias virtudes de las mujeres dci antiguo Testamento: la hermosura y el amor de la esposa del Cantar de los cantares (cf. Ant entr 2, Ct 6, lO; Sal rsp); la belleza y la sensatez de Judit (cf. Ant coin 1, Jdt 11, 21); el esplendor y la gracia de la Reina, esposa del Rey mesiánico (cf. Ant com 2, Sal 44 [45], 3).

El «camino de la hermosura» es el camino de la perfección cristiana, ya que los fieles que lo recorren «con la Virgen María» (So) se esfuerzan en «avanzar por las sendas de la santidad» (De) y piden a Dios que, «rechazando la fealdad del pecado», busquen sin cesar «la belleza de la gracia» (Co 3).


***
MISA

Antífona de entrada

Hijas de Sión, salid a ver a nuestra Reina, a la que alaban los astros de la mañana y cuya belleza admiran el sol y la luna, y celebran todos los hijos de Dios.

O bien:

                                                                                                                      Cf. Ct 6, 10; Lc 1, 42

Todo es hermoso y agradable en ti, Hija de Sión, hermosa como la luna y límpida como el sol, bendita entre las mujeres.


Oración colecta

O

Oh Dios, con tu designio admirable,
hiciste que Jesucristo, el más bello de los hombres,
saliera de un tálamo virginal como el Esposo de la Iglesia;
concédenos, por intercesión de María, su Madre,
la alegría y la paz para todos los pueblos
e ilumina nuestros corazones
con la luz de tu gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Señor Dios,
en tu presencia resplandece toda hermosa
la Virgen María, tu humilde sierva,
gloria de tu Hijo y compendio de virtudes;
concédenos procurar, como ella,
todo lo que es verdadero y noble,
para llegar un día ante ti,
fuente de toda belleza y autor del amor hermoso.
Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Interceda por nosotros, Señor, la gloriosa Virgen María,
que, adornada con los dones del Espíritu Santo,
te agradó a ti y engendró para nosotros
a tu Hijo Unigénito, el más bello de los hombres,
para que, rechazando la fealdad del pecado,
busquemos sin cesar la belleza de la gracia.
Por nuestro Señor Jesucristo.


Oración sobre las ofrendas

T

Te pedimos, Señor, que nos sea provechosa
la ofrenda que te dedicamos,
para que, recorriendo con la Virgen María
el hermoso camino de la santidad,
nos renovemos con la participación en tu vida divina
y merezcamos llegar a la contemplación de tu gloria.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

María es toda hermosa

V.     El Señor esté con vosotros.

R.     Y con tu espíritu.

V.     Levantemos el corazón.

R.     Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V.     Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R.     Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias,
Padre santo,
 siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza
en esta conmemoración de la santísima Virgen María.

Ella fue hermosa en su concepción,
y, libre de toda mancha de pecado,
resplandece adornada con la luz de la gracia;

hermosa en su maternidad virginal,
por la cual derramó sobre el mundo el resplandor de tu gloria,
Jesucristo, tu Hijo, salvador y hermano de todos nosotros;

hermosa en la pasión y muerte del Hijo,
vestida con la púrpura de su sangre,
como mansa cordera que padeció con el Cordero inocente,
recibiendo una nueva función de madre;

hermosa en la resurrección de Cristo,
con el que reina gloriosa,
después de haber participado en su victoria.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unirnos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo...


Antífona de comunión                                                                                    Cf. Jdt 11, 21

No hay mujer como ésta en toda la tierra en el aspecto y en la hermosura y en la sensatez de sus palabras.

O bien:

                                                                                                                                  Sal 44 (45), 3

En tus labios se derrama la gracia, el Señor te bendice eternamente.


Oración después de la comunión

P

Protege, Señor, continuamente
a los que alimentas con tus sacramentos,
y a quienes has dado por madre a la Virgen María,
radiante de hermosura por sus virtudes,
concédenos avanzar por las sendas de la santidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.




miércoles, 24 de diciembre de 2025

Romance del Nacimiento

 ROMANCE DEL NACIMIENTO

San Juan de la Cruz

Pesebre en un domicilio particular en Asunción del Paraguay




Ya que era llegado el tiempo

en que de nacer había,

así como desposado

de su tálamo salía,


abrazado con su esposa,

que en sus brazos la traía,

al cual la graciosa Madre

en su pesebre ponía,


entre unos animales

que a la sazón allí había,

los hombres decían cantares,

los ángeles melodía,


festejando el desposorio

que entre tales dos había,

pero Dios en el pesebre

allí lloraba y gemía,


que eran joyas que la esposa

al desposorio traía,

y la Madre estaba en pasmo

de que tal trueque veía:


el llanto del hombre en Dios,

y en el hombre la alegría,

lo cual del uno y del otro

tan ajeno ser solía. 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

"Basta de improvisaciones"

 (...) Las celebraciones que a menudo sintomáticamente son llamadas "ceremonias", se hacen muchas veces con gran aparato, muy a menudo construidas arbitrariamente -precisamente por falta de comprensión litúrgica- pero se nota una falta de alma -la llamaría así- que asusta. Se siguen haciendo gestos, multiplicando signos, de los que los mismos directores no tienen una total comprensión. Y entonces nuestras liturgias, gracias a la euforia que siguió a la reforma conciliar, se parecen más a representaciones teatrales que a la "oración pública de la Iglesia-comunidad". ¿Un ejemplo? el elefantiásico desarrollo que en algunas celebraciones toma la presentación de los dones, donde desfilan objetos de toda especie, donde, por  ejemplo, le entregan al celebrante que acaba de leer y comentar la Santa Escritura, el texto de la Biblia, como diciéndole: "Toma y lee...".



miércoles, 10 de diciembre de 2025

En el centenario de la encíclica Quas Primas

Mañana se cumple un siglo de la promulgación de la encíclica Quas Primas, del papa Pío XI, sobre la realeza de Cristo, en la que además se estableció la fiesta de Cristo Rey.

Como homenaje en este centenario, compartimos aquí el capítulo I ("La realeza de Cristo", números 6 a 12), ilustrada con imágenes (todas fotos propias) tomadas en templos argentinos y en un templo paraguayo.


Monasterio San Sava
(Buenos Aires)


Iglesia Cristo Rey
(Asunción)
«Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas. Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque Él es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de Él y recibir obedientemente la verdad. Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en Él la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos. Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad (Ef 3,19) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús. Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de Él que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino (Dan 7,13-14); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.


a) En el Antiguo Testamento

Que Cristo es Rey, lo dicen a cada paso las Sagradas Escrituras.

Así, le llaman el dominador que ha de nacer de la estirpe de Jacob (Núm 24,19); el que por el Padre ha sido constituido Rey sobre el monte santo de Sión y recibirá las gentes en herencia y en posesión los confines de la tierra (Sal 2). El salmo nupcial, donde bajo la imagen y representación de un Rey muy opulento y muy poderoso se celebraba al que había de ser verdadero Rey de Israel, contiene estas frases: El trono tuyo, ¡oh Dios!, permanece por los siglos de los siglos; el cetro de su reino es cetro de rectitud (Sal 44). Y omitiendo otros muchos textos semejantes, en otro lugar, como para dibujar mejor los caracteres de Cristo, se predice que su reino no tendrá límites y estará enriquecido con los dones de la justicia y de la paz: Florecerá en sus días la justicia y la abundancia de paz... y dominará de un mar a otro, y desde el uno hasta el otro extrema del orbe de la tierra (Sal 71).

A este testimonio se añaden otros, aún más copiosos, de los profetas, y principalmente el conocidísimo de Isaías: Nos ha nacido un Párvulo y se nos ha dado un Hijo, el cual lleva sobre sus hombros el principado; y tendrá por nombre el Admirable, el Consejero, Dios, el Fuerte, el Padre del siglo venidero, el Príncipe de Paz. Su imperio será amplificado y la paz no tendrá fin; se sentará sobre el solio de David, y poseerá su reino para afianzarlo y consolidarlo haciendo reinar la equidad y la justicia desde ahora y para siempre (Is 9,6-7). Lo mismo que Isaías vaticinan los demás profetas. Así Jeremías, cuando predice que de la estirpe de David nacerá el vástago justo, que cual hijo de David reinará como Rey y será sabio y juzgará en la tierra (Jer 23,5). Así Daniel, al anunciar que el Dios del cielo fundará un reino, el cual no será jamás destruido..., permanecerá eternamente (Dan 2,44); y poco después añade: Yo estaba observando durante la visión nocturna, y he aquí que venía entre las nubes del cielo un personaje que parecía el Hijo del Hombre; quien se adelantó hacia el Anciano de muchos días y le presentaron ante Él. Y diole éste la potestad, el honor y el reino: Y todos los pueblos, tribus y lenguas le servirán: la potestad suya es potestad eterna, que no le será quitada, y su reino es indestructible (Dan 7 13-14). Aquellas palabras de Zacarías donde predice al Rey manso que, subiendo sobre una asna y su pollino, había de entrar en Jerusalén, como Justo y como Salvador, entre las aclamaciones de las turbas (Zac 9,9), ¿acaso no las vieron realizadas y comprobadas los santos evangelistas?

Iglesia Cristo Rey (Buenos Aires)


b) En el Nuevo Testamento

Por otra parte, esta misma doctrina sobre Cristo Rey que hemos entresacado de los libros del Antiguo Testamento, tan lejos está de faltar en los del Nuevo que, por lo contrario, se halla magnífica y luminosamente confirmada.

En este punto, y pasando por alto el mensaje del arcángel, por el cual fue advertida la Virgen que daría a luz un niño a quien Dios había de dar el trono de David su padre y que reinaría eternamente en la casa de Jacob, sin que su reino tuviera jamás fin (Lc 1,32-33), es el mismo Cristo el que da testimonio de su realeza, pues ora en su último discurso al pueblo, al hablar del premio y de las penas reservadas perpetuamente a los justos y a los réprobos; ora al responder al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era Rey; ora, finalmente, después de su resurrección, al encomendar a los apóstoles el encargo de enseñar y bautizar a todas las gentes, siempre y en toda ocasión oportuna se atribuyó el título de Rey (Mt 25,31-40) y públicamente confirmó que es Rey (Jn 18,37), y solemnemente declaró que le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18). Con las cuales palabras, ¿qué otra cosa se significa sino la grandeza de su poder y la extensión infinita de su reino? Por lo tanto, no es de maravillar que San Juan le llame Príncipe de los reyes de la tierra (Ap 1,5), y que Él mismo, conforme a la visión apocalíptica, lleve escrito en su vestido y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de los que dominan (Ibíd., 19,16). Puesto que el Padre constituyó a Cristo heredero universal de todas las cosas (Heb 1,1), menester es que reine Cristo hasta que, al fin de los siglos, ponga bajo los pies del trono de Dios a todos sus enemigos (1 Cor 15,25).

Basílica del Espíritu Santo
(Buenos Aires)


c) En la Liturgia

De esta doctrina común a los Sagrados Libros, se siguió necesariamente que la Iglesia, reino de Cristo sobre la tierra, destinada a extenderse a todos los hombres y a todas las naciones, celebrase y glorificase con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como a Soberano Señor y Rey de los reyes.

Y así como en la antigua salmodia y en los antiguos Sacramentarios usó de estos títulos honoríficos que con maravillosa variedad de palabra expresan el mismo concepto, así también los emplea actualmente en los diarios actos de oración y culto a la Divina Majestad y en el Santo Sacrificio de la Misa. En esta perpetua alabanza a Cristo Rey descúbrese fácilmente la armonía tan hermosa entre nuestro rito y el rito oriental, de modo que se ha manifestado también en este caso que la ley de la oración constituye la ley de la creencia.


d) Fundada en la unión hipostática

Para mostrar ahora en qué consiste el fundamento de esta dignidad y de este poder de Jesucristo, he aquí lo que escribe muy bien San Cirilo de Alejandría: Posee Cristo soberanía sobre todas las criaturas, no arrancada por fuerza ni quitada a nadie, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza (In Luc. 10). Es decir, que la soberanía o principado de Cristo se funda en la maravillosa unión llamada hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas.

Colegio La Salle (Buenos Aires)

e) Y en la redención

Pero, además, ¿qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista, adquirido a costa de la redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador. Fuisteis rescatados no con oro o plata, que son cosas perecederas, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un Cordero Inmaculado y sin tacha (1 Pe 1,18-19). No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo nos ha comprado por precio grande (1 Cor 6,20); hasta nuestros mismos cuerpos son miembros de Jesucristo  (Ibíd., 6,15).


miércoles, 3 de diciembre de 2025

miércoles, 26 de noviembre de 2025