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miércoles, 21 de septiembre de 2022

Instrumentalización de la Liturgia


El diccionario de la Real Academia Española, en la entrada "misa", menciona varios tipos o modalidades: cantada, gregoriana, votiva, pontifical... y un largo etcétera. Pero 
desde hace unos días la República Argentina tiene  el triste provilegio de haber agregado un adjetivo a esa lista: misa "kirchnerista".

Difícilmente un argentino ignore a qué nos estamos refiriendo: el Arzobispo de Mercedes-Luján se prestó -y prestó el mayor y más importante templo del país- para una misa a la que asistieron los principales líderes de la facción política actualmente gobernante y que terminó siendo, como era obviamente esperable, un acto burdamente partidario. El mismo prelado reconoció tardíamente su error: "Metí la pata", dijo antes de la bendición final.

Un par de observaciones litúrgicas: 

-El arzobispo celebró con palio, como si se tratara de una gran solemnidad o de una Misa Estacional (cfr. Caeremoniale Episcoporum, 62, 119, 120).

-Usó un inapropiado báculo en forma de cruz, quizás ignorando lo que surge de la enseñanza de la Suma Teológica (III, q. 90, a. 7, ad 8): el báculo episcopal tiene curvatura -a diferencia de la férula cruciforme papal- para indicar la "potestad coartada o restringida" que tienen los obispos.


-En el saludo incial deseó que "el amor de Dios y de la Virgen esté con todas y todos ustedes": uso innecesario pero política e ideológicamente sugestivo. 

-En la bendición final, en cambio, usó la expresión "El Señor está con ustedes", que no sólo es litúrgicamente  incorrecta sino gramaticalmente absurda, porque los buenos deseos se expresan en Modo Subjuntivo y no en Modo Indicativo.


-El diácono usó una estola que llevaba una imagen y una frase de Carlos Mugica. Más allá de la opinión que se tenga acerca de la acción de ese sacerdote en los años 70, es obvio que no corresponde que su efigie aparezca en un ornamento litúrgico. Si la idea era resaltar el concepto "dar la vida", ¿nadie pensó en poner en la estola... una cruz?

-El prelado -añadamos finalmente- no se privó de la habitual y cansadora verborrea de muchos celebrantes que añaden a cada momento comentarios de su cosecha, glosas sin sentido y fatigosas peroraciones.

Por cierto, cosas como estas, y aun peores, ocurren a diario en la mayor parte de las misas que se celebran en la Argentina. Pero la extraordinaria difusión que se sabía tendría esta celebración en Luján obligaba a sus organizadores a tener especial cuidado con su dignidad y a estar atentos a estos y otros detalles, según lo señala expresamente la Instrucción Eucharisticum Mysterium en su número 22 (el destacado es nuestro):

En los lugares donde se retransmite la misa por radio o televisión los ordinarios del lugar procurarán que, según el espíritu del número 20 de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia, no se turbe la oración y la participación de los fíeles. Dicha celebración se deberá realizar con tal prudencia y decoro que constituya un modelo de celebración del sagrado misterio, en conformidad con las leyes de la instauración litúrgica.

Mientras esto ocurría en el presbiterio, las cosas en la nave del templo no eran mejores. No sólo lo decimos nosotros: la prensa también lo señaló. Veamos, por ejemplo, lo de que decía el periódico mendocino MDZ

“Lo que se vivió en la Basílica de Nuestra Señora de Luján estuvo muy lejos de una celebración tradicional. Una vez que terminaba el presbiterio, donde se encuentra el altar central, parecía también terminar la misa. Funcionarios y militantes parecían estar muy lejanos a lo que dictan las formas religiosas.
Aunque algunos funcionarios, de los que ya se conoce su cercanía a las prácticas religiosas, se mantuvieron atentos a la celebración y con participación activa en la interlocución del sacerdote con la asamblea, otros parecían desconocer y hasta burlarse del credo. Entre ellos militantes ‘premium’ que podían estar cerca de los funcionarios, no parecían capaces ni de respetar las cabezas descubiertas dentro del templo, conocimiento general y que no requiere de una práctica asidua de la fe.
Las charlas constantes en las filas de los asientos, los militantes que, al fondo de la Iglesia, salían y entraban del templo durante el rito, la desconexión total y la falta de respeto a los que sí estaban rezando, parecía ser la tónica principal del acto.
Una celebración convocada por la Municipalidad de Luján quedó teñida por la polémica y generó reacciones muy negativas por parte de los fieles que siguieron la celebración a la distancia. Esta indignación aumentó al momento de la Comunión, una de las partes centrales del rito. Allí, los funcionarios se acercaron a comulgar, y, a pesar de sus cuestiones personales, que no pueden ser juzgadas, llamó la atención que varios no sabían ni cómo hacerlo”.

 

Más allá de estas observaciones, el problema de fondo es el que da título a esta entrada: la instrumentalización de la Liturgia. Que es más visible y chocante cuando tiene lugar por motivos políticos (los ejemplos lamentablemente abundan) pero que tampoco deja de ser preocupante cuando el motivo es aparentemente  menos burdo. El actual pontífice, aunque quizás dirigiendo la mirada hacia otros ámbitos, lo decía hace poco en la Carta Apostólica Desiderio Desideravi el 29 de junio pasado:  "Quisiera que la belleza de la celebración cristiana y de sus necesarias consecuencias en la vida de la Iglesia no se vieran desfiguradas por una comprensión superficial y reductiva de su valor o, peor aún, por su instrumentalización al servicio de alguna visión ideológica".

Hay, empero, formas más sutiles de instrumentalizar la Liturgia:
Hace algunos meses hemos señalado una muy grave de ellas: la improvisación de la misa, que tenemos la desgracia de padecer con deplorable frecuencia. Se trata de una subclase específica dentro del grupo de las misas puestas al servicio del lucimiento del celebrante, que actúa como si fuera el conductor de un show televisivo. 
O la misa degradada al nivel de programa infantil berreta, con curas disfrazados de payasos, globos, serpentinas y títeres. 
O las misas de difuntos en que, se actúa de modo contrario a lo mandado en la Ordenación General del Misal Romano: "se evitará cualquier género de panegírico". 
O las celebraciones dominicales en que se da más espacio a fiestas mundanas (el Día del Trabajo, el inicio de la Primavera...) o a devociones menores que al Día del Señor. 
O cuando se ignora la precedencia de las celebraciones litúrgicas por capricho del ministro o para satisfacer a tal o cual grupo de personas.
O los matrimonios en que se ejecuta música de series o películas para dejar contentos a los novios.
 



Como vemos en el collage sobre estas líneas, los medios se ocuparon de difundir abundantemente el malestar que causó en laicos y clérigos la misa partidaria celebrada en Luján. Se trató, coincidimos, de un hecho vergonzoso y que, más allá de los dos obispos presentes, compromete aun mas a una ya desprestigiada Iglesia argentina. Pero la instrumentalización de la Liturgia es un mal mucho más extendido, y es nuestro deber, al menos, señalarlo con energía.

miércoles, 7 de abril de 2021

Para mejorar la misa

Algunas cosas sencillas
que podemos hacer
para mejorar nuestras Eucaristías


1. Evitemos suplantar u omitir el «Kyrie»

Si alguna vez, por ejemplo, se considera oportuno enriquecer el acto penitencial con un canto ade­cuado, hay que recordar que el Kyrie (“Señor, ten piedad”) no puede ser omitido. Se tra­ta de un rito que forma parte del Ordinario de la Misa, en el que los fieles «aclaman al Se­ñor e imploran su misericordia» [1]. Por eso, en cualquier forma del acto penitencial, debe decirse o cantarse el “Señor, ten piedad”.


2. No “adaptemos” el Ordinario de la Misa

La letra de las partes musicalizadas del Ordinario de la Misa (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei) no debe ser alterada.

Corolario de esta Regla 2: La canción que dice "Gloria a Dios, gloria a Dios, gloria al Padre; gloria a Dios, gloria a Dios, gloria al Hijo; gloria a Dios, gloria a Dios Espíritu Santo" NO ES (repito:  NO ES) el "Gloria in excelsis" de la misa y por lo tanto NUNCA DEBE SUPLANTAR (reitero: NUNCA DEBE SUPLANTAR) al Gloria.




3. Pongámonos de pie en el "Oren, hermanos"

En las nuevas normas del Misal se indica explícitamente que los fieles permanecerán de pie «desde la invitación Oren hermanos antes de la oración sobre las ofrendas» [2].  No al decir Elevemos los corazones / Los tenemos levantados hacia el Señor" o en otro momento.




4. Evitemos llevar “símbolos” en la presentación de las ofrendas

«En la preparación de los dones se llevan al altar pan, vino y agua, o sea, los mismos elementos que Cristo tomó en sus manos» [3]. También se aceptan como ofrendas, eventualmente, «dinero u otros dones para los pobres o para la Iglesia» [4].

Pero está totalmente fuera de lugar:
a) presentar una Biblia (¡¡la Liturgia de la Palabra acaba de finalizar!!);

b) presentar cosas que volverán luego a sus dueños, porque eso no sería una ofrenda sino una engañapichanga (ejemplo típico: cuadernos o trabajos de alumnos: ¡¡no!!);

c) presentar “símbolos” (“una taza con harina, símbolo de la vida que se amasa... unos recortes de diarios, símbolo de los problemas que nos aquejan... una cruz, símbolo del sufrimiento... una soga, símbolo de la unidad...”). Una ofrenda es un regalo; ¡nadie regala “símbolos”! Es como si fuéramos invitados a una cena y en lugar de llevar un vino... lleváramos una foto de un vino...

Es fácil recordar esta regla general: lo que se ofrece en la Presentación de las Ofrendas debe ser:
a) realmente un regalo, que, por lo tanto...
b) no vuelve a sus antiguos dueños (ni en la misa... ni en la vida cotidiana).



5. Evitemos llevar el cáliz en la presentación de las ofrendas

Llevamos al altar las ofrendas: pan, vino y agua. Pero el cáliz, el corporal, el purificador, la palia... no son ofrendas ni regalos. Una analogía —salvando las distancias— puede ayudarnos a entender el porqué de esta norma: si tenemos una cena ‘a la canasta’, cada uno lleva algo: comi­da o bebida. ¡Pero a nadie se le ocurriría aparecer llevando un vaso o una servilleta!




6. No coloquemos “cosas” sobre el altar

Fuera de lo estrictamente necesario para la celebración del sacrificio de Cristo, sobre la mesa del altar no debe haber nada. NADA.  ¡¡El altar no es una repisa!! 
Por tanto, evitemos colocar allí otras ofrendas que no sean el pan, el vino y el agua. Evitemos colocar sobre el altar anteojos, libros o papeles innecesarios, imá­ge­nes, etcétera. 
Fuera de la misa, tampoco: ni medallas, ni diplomas, ni recuerdos... ¡¡Ni siquiera una imagen de la Virgen está bien ubicada sobre la «mesa eucarística» [5]!!

Reiteramos: sobre el altar, NADA. 
-¿Una imagen de la Virgen tampoco?
-TAMPOCO.

De paso: el mantel del altar debe ser BLANCO


7. Evitemos leer los Avisos Parroquiales antes de la Oración Postcomunión

El Rito de la Comunión comienza con el Padrenuestro y termina con el Amén con que respondemos a la Oración Postco­mu­nión que pronuncia el Celebrante. Por lo tanto, el momento de si­lencio que se produce después de la procesión de Comunión y antes de que el Celebrante se ponga de pie para decir la Oración Postcomunión, forma parte de ese rito, y está destinado a la alabanza y a la oración silenciosa de los fieles [6].

¡Ese mo­mento de silencio no es un “bache”, un “espacio libre” destinado a ser llenado con avisos, testimonios, o cual­quier otra cosa! Eso significaría, no sólo interrumpir el Rito de Comunión, sino también perturbar ese momento en que los fieles oran en silencio. El momento de los Avisos Parroquiales es después de la Oración Postco­munión. 
Quizás valga la pena repetirlo: el momento de los Avisos Parroquiales es después de la Oración Postco­munión. 

Y como toda la Asamblea en ese momento está de pie, hay motivos de sobra para cumplir lo que dice el Misal: «dar breves avisos, si es necesario» [7]

Lo repetimos por si no quedó claro: el momento de los Avisos Parroquiales es después de la Oración Postco­munión. 



8. Recordemos que la puerta del Sagrario no decide cuándo permanecer de pie

Algunos fieles permanecen de pie después de la Comunión hasta que se cierra la puerta del Sagrario, y están muy atentos a ello, como si el "clic" de la cerradura indicara el momento en que pueden tomar asiento nuevamente.
En realidad, no hay ninguna relación entre la puerta del Tabernáculo y la postura de los fieles. Incluso el Sagrario podría estar en una capilla separada, fuera de la vista de los fieles (como de hecho está en algunas iglesias), y enton­ces, ¿cómo saber cuándo sentarse?

«Los fieles están de pie (...) desde la invitación Oren, hermanos, antes de la oración sobre las ofrendas, hasta el final de la Misa, excepto lo que se dice más abajo.

En cambio, estarán sentados (...), según las circunstancias, mientras se guarda el sagrado silencio después de la Comunión»  [2].

Evidentemente, la apertura o cierre de la puerta del Sagrario no puede ser el criterio que decida si estamos de pie o no.



En todos los casos se cita la Tercera Edición (2002) de la OGMR
[1] ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 52
[2] ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 43
[3] ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 72
[4] CEREMONIAL DE LOS OBISPOS, 145; Cf. ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 73
[5] Ibídem
[6] Cf. ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 45
[7] ORDENACIÓN GENERAL DEL MISAL ROMANO, 123

miércoles, 12 de febrero de 2020

Mi ofertorio, mi consagración, mi comunión




De una suerte de folleto titulado "Dilexit Ecclesiam", de la obra del padre Kentenich. 
No hay datos de fecha o lugar de publicación, salvo las cifras 3/79 y el número 32.