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miércoles, 3 de septiembre de 2025

San Juan Enrique Newman, Doctor de la Iglesia

Ante la reciente noticia de que San Juan Enrique Newman será declarado Doctor de la Iglesia, nos complace compartir aquí los fragmentos sustanciales de la homilía de Benedicto XVI en la misa de beatificación, celebrada en el Cofton Park de Rednal, Birmingham, el domingo 19 de septiembre de 2010.


Homilía de Su Santidad Benedicto XVI


(...) Éste es el día en que formalmente el Cardenal John Henry Newman ha sido elevado a los altares y declarado beato (...) en esta celebración, en la que alabamos y damos gloria a Dios por las virtudes heroicas de este santo inglés.

Imagen de Juan Enrique Newman desplegada en el rito de canonización
(13/10/2019)


Inglaterra tiene un larga tradición de santos mártires, cuyo valiente testimonio ha sostenido e inspirado a la comunidad católica local durante siglos. Es justo y conveniente reconocer hoy la santidad de un confesor, un hijo de esta nación que, si bien no fue llamado a derramar la sangre por el Señor, jamás se cansó de dar un testimonio elocuente de Él a lo largo de una vida entregada al ministerio sacerdotal, y especialmente a predicar, enseñar y escribir. Es digno de formar parte de la larga hilera de santos y eruditos de estas islas, San Beda, Santa Hilda, San Aelred, el Beato Duns Scoto, por nombrar sólo a algunos. En el Beato John Newman, esta tradición de delicada erudición, profunda sabiduría humana y amor intenso por el Señor ha dado grandes frutos, como signo de la presencia constante del Espíritu Santo en el corazón del Pueblo de Dios, suscitando copiosos dones de santidad.

Escudo del cardenal Newman


El lema del Cardenal Newman, cor ad cor loquitur, “el corazón habla al corazón”, nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios. Nos recuerda que la fidelidad a la oración nos va transformando gradualmente a semejanza de Dios. Como escribió en uno de sus muchos hermosos sermones, «el hábito de oración, la práctica de buscar a Dios y el mundo invisible en cada momento, en cada lugar, en cada emergencia –os digo que la oración tiene lo que se puede llamar un efecto natural en el alma, espiritualizándola y elevándola. Un hombre ya no es lo que era antes; gradualmente... se ve imbuido de una serie de ideas nuevas, y se ve impregnado de principios diferentes» (Sermones Parroquiales y Comunes, IV, 230-231). El Evangelio de hoy afirma que nadie puede servir a dos señores (cf. Lc 16,13), y el Beato John Henry, en sus enseñanzas sobre la oración, aclara cómo el fiel cristiano toma partido por servir a su único y verdadero Maestro, que pide sólo para sí nuestra devoción incondicional (cf. Mt 23,10). Newman nos ayuda a entender en qué consiste esto para nuestra vida cotidiana: nos dice que nuestro divino Maestro nos ha asignado una tarea específica a cada uno de nosotros, un “servicio concreto”, confiado de manera única a cada persona concreta: «Tengo mi misión», escribe, «soy un eslabón en una cadena, un vínculo de unión entre personas. No me ha creado para la nada. Haré el bien, haré su trabajo; seré un ángel de paz, un predicador de la verdad en el lugar que me es propio... si lo hago, me mantendré en sus mandamientos y le serviré a Él en mis quehaceres» (Meditación y Devoción, 301-2).

Misa de beatificación, 
celebrada en el Reino Unido por Benedicto XVI


El servicio concreto al que fue llamado el Beato John Henry incluía la aplicación entusiasta de su inteligencia y su prolífica pluma a muchas de las más urgentes “cuestiones del día”. Sus intuiciones sobre la relación entre fe y razón, sobre el lugar vital de la religión revelada en la sociedad civilizada, y sobre la necesidad de un educación esmerada y amplia fueron de gran importancia, no sólo para la Inglaterra victoriana. Hoy también siguen inspirando e iluminando a muchos en todo el mundo. Me gustaría rendir especial homenaje a su visión de la educación, que ha hecho tanto por formar el ethos que es la fuerza motriz de las escuelas y facultades católicas actuales. Firmemente contrario a cualquier enfoque reductivo o utilitarista, buscó lograr unas condiciones educativas en las que se unificara el esfuerzo intelectual, la disciplina moral y el compromiso religioso. El proyecto de fundar una Universidad Católica en Irlanda le brindó la oportunidad de desarrollar sus ideas al respecto, y la colección de discursos que publicó con el título La Idea de una Universidad sostiene un ideal mediante el cual todos los que están inmersos en la formación académica pueden seguir aprendiendo. Más aún, qué mejor meta pueden fijarse los profesores de religión que la famosa llamada del Beato John Henry por unos laicos inteligentes y bien formados: «Quiero un laicado que no sea arrogante ni imprudente a la hora de hablar, ni alborotador, sino hombres que conozcan bien su religión, que profundicen en ella, que sepan bien dónde están, que sepan qué tienen y qué no tienen, que conozcan su credo a tal punto que puedan dar cuentas de él, que conozcan tan bien la historia que puedan defenderla» (La Posición Actual de los Católicos en Inglaterra, IX, 390). Hoy, cuando el autor de estas palabras ha sido elevado a los altares, pido para que, a través de su intercesión y ejemplo, todos los que trabajan en el campo de la enseñanza y de la catequesis se inspiren con mayor ardor en la visión tan clara que el nos dejó.

Aunque la extensa producción literaria sobre su vida y obras ha prestado comprensiblemente mayor atención al legado intelectual de John Henry Newman, en esta ocasión prefiero concluir con una breve reflexión sobre su vida sacerdotal, como pastor de almas. Su visión del ministerio pastoral bajo el prisma de la calidez y la humanidad está expresado de manera maravillosa en otro de sus famosos sermones: «Si vuestros sacerdotes fueran ángeles, hermanos míos, ellos no podrían compartir con vosotros el dolor, sintonizar con vosotros, no podrían haber tenido compasión de vosotros, sentir ternura por vosotros y ser indulgentes con vosotros, como nosotros podemos; ellos no podrían ser ni modelos ni guías, y no te habrían llevado de tu hombre viejo a la vida nueva, como ellos, que vienen de entre nosotros (“Hombres, no ángeles: los Sacerdotes del evangelio”, Discursos a las Congregaciones Mixtas, 3). Él vivió profundamente esta visión tan humana del ministerio sacerdotal en sus desvelos pastoral por el pueblo de Birmingham, durante los años dedicados al Oratorio que él mismo fundó, visitando a los enfermos y a los pobres, consolando al triste, o atendiendo a los encarcelados. No sorprende que a su muerte, tantos miles de personas se agolparan en las calles mientras su cuerpo era trasladado al lugar de su sepultura, a no más de media milla de aquí. Ciento veinte años después, una gran multitud se ha congregado de nuevo para celebrar el solemne reconocimiento eclesial de la excepcional santidad de este padre de almas tan amado. Qué mejor que expresar nuestra alegría de este momento que dirigiéndonos a nuestro Padre del cielo con sincera gratitud, rezando con las mismas palabras que el Beato John Henry Newman puso en labios del coro celestial de los ángeles:

“Sea alabado el Santísimo en el cielo, sea alabado en el abismo; en todas sus palabras el más maravilloso, el más seguro en todos sus caminos” (El Sueño de Gerontius).

miércoles, 1 de noviembre de 2023

¿Qué es la Iglesia sino la congregación de los santos?

«¿Qué es la Iglesia sino la congregación de los santos? (...) Desde el comienzo del mundo, los patriarcas..., los profetas, los mártires y todos los justos... constituyen una única Iglesia, porque, al estar santificados por una misma fe y una misma vida y al estar marcados con el signo del mismo Espíritu, constituyen un solo cuerpo. Como Cabeza de este cuerpo se designa a Cristo, según está escrito. Pero hay más. Incluso los ángeles, los principados y potestades celestiales son miembros de esta única Iglesia... Cree, pues, que tú, en esta única Iglesia, llegarás a la comunión de los santos. Sábete que esta Iglesia Católica es una sola y que está instituida en todo el orbe de la tierra; debes permanecer firmemente en comunión con ella».

Nicetas de Remesiana,

Explanatio symboli 10: PL 52,871



«Communio sanctorum» es uno de los nombres de la Iglesia. Designa aquella «comunión de vida» con Cristo (Catecismo de la Iglesia Católica, 426) que es el Misterio de la vida de la Iglesia.

«La expresión "comunión de los santos" tiene entonces dos significados estrechamente relacionados: "comunión en las cosas santas [sancta]" y "comunión entre las personas santas [sancti]"» (ibíd., 948).

miércoles, 30 de agosto de 2023

Santa Rosa de Lima

El 30 de agosto se celebra en nuestro país la fiesta de Santa Rosa de Lima. 

Nació en 1586, y fue  bautizada con el nombre de Isabel. Al recibir la confirmación,  en 1597, de manos del Arzobispo de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo,  éste la llamó “Rosa” a causa de su belleza.  Fue terciaria dominica y el 30 de agosto de 1607 hizo su profesión religiosa. Murió el 24 de agosto de 1617. 

Fue proclamada Patrona de América  en  1670 –cuando aún era beata–  y declarada Patrona de la Independencia argentina por decreto del Congreso de Tucumán, a instancias del diputado Fray Justo Santa María de Oro. 

La vida de Santa Rosa sigue siendo un modelo válido en nuestro tiempo, sobre todo para el pueblo latinoamericano que la tiene como Patrona.  Para rendirle homenaje, ofrecemos algunas palabras de Juan Pablo II  referidas a ella.

***

«El buen olor de Cristo,  que se difunde por el mundo con la predicación del Evangelio y la gracia del Espíritu Santo (cfr. 2 Cor 2, 14 16), ha impregnado la Iglesia en América Latina con la santidad de aquella que es su Patrona, Santa Rosa de Lima.  En efecto, ella es la primera flor de santidad que brota en el continente latinoamericano, el primer fruto maduro de su evangelización».

«Vivió en medio de su gente, sin apartarse de la sociedad,  conjugando a la vez una intensa piedad y una caridad llena de iniciativas a favor de los necesitados. La piedad de Rosa fue tan profunda que alcanzó alturas sublimes de experiencia mística. Puso como centro de su vida la persona de Cristo, en la humildad de su encarnación, en el dolor de su pasión y en la misteriosa cercanía de su presencia real eucarística. Iluminada por la fe y el amor, supo descubrir el rostro de Cristo, su Esposo, en sus hermanos los pobres, enfermos y abandonados;  hizo de su amor a Jesús un servicio de compasión y ternura hacia aquellos que reflejaban más directamente su imagen, prodigándose en todas las obras de misericordia para consolar, curar, educar y elevar espiritual y humanamente a cuantos acudían a ella».

«No dudo en presentarla...  como ejemplo de fidelidad a Cristo, de perfecta comunión con la fe de la Iglesia, de ardor apostólico para anunciar a todos la buena Noticia, de servicio en la caridad fraterna, plenamente identificada con los valores de su pueblo, de su historia y de su cultura».      

Juan Pablo II, 
Mensaje a los obispos y fieles peruanos en el IV centenario del nacimiento de Santa Rosa de Lima, 23 de abril de 1986

***

«La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana de América son sus santos. En ellos, el encuentro con Cristo vivo es tan profundo y comprometido que se convierte en fuego que lo consume todo, e impulsa a construir su Reino, a hacer que Él y la nueva alianza sean el sentido y el alma de  la vida personal y comunitaria.  América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Este es el caso de santa Rosa de Lima (1586-1617), “la primera flor de santidad en el Nuevo Mundo”, proclamada patrona principal de América en 1670 por el Papa Clemente X».      

Juan Pablo II,  
Exhortación Apostólica  «Ecclesia in America»,  nº 15     

miércoles, 14 de julio de 2021

San Camilo de Lelis

 El Martirologio Romano consigna hoy esta Memoria:  

«San Camilo de Lelis, presbítero, que nació cerca de Teano, en la región italiana de los Abruzos, y desde la adolescencia siguió la carrera militar y se dejó arrastrar por los vicios propios de una juventud alegre y despreocupada, pero, convertido de su mala vida, se entregó al cuidado de los enfermos en los hospitales de los incurables, a los que servía como al mismo Cristo. Ordenado sacerdote, puso en Roma los fundamentos de la Orden de Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos».




Nació en  1550 y murió en 1614. Fue beatificado en 1742 por Benedicto XIV y canonizado cuatro años más tarde por el mismo Papa.

La imagen de San Camilo que ilustra esta entrada (en foto que tomamos en 2017) se exhibe en la iglesia porteña de San Bernardo.

Oración Colecta:

Oh Dios, 
que has enaltecido a san Camilo de Lelis 
con el carisma singular del amor a los enfermos, 
infunde en nosotros, por su intercesión, el espíritu de tu caridad, 
para que, sirviéndote en nuestros hermanos, 
podamos llegar seguros a ti en la hora de la muerte. 
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, 
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo 
y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

miércoles, 6 de enero de 2021

«La sangre del cristiano»

Hoy publicamos la primera entrada de 2021.  Una buena manera de empezar el año es recordar este maravilloso artículo publicado en su hora por La Buhardilla de Jerónimo.

Con la expresa autorización de La Buhardilla, lo transcribimos a continuación,  ilustrado con fotos propias, y  recomendamos vivamente su lectura:

Iglesia de Nuestra Señora de Balvanera
(foto propia)


Cristianos somos quienes hemos renacido en Cristo. Hemos sido hechos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las virtudes de aquel que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. La misma Madre, que brotó del costado abierto de Cristo, y que nos ha traído a la vida, es la que dio a luz también a tantísimos ilustres hermanos que nos precedieron; incontable multitud de hombres y mujeres preclaros en cuyas venas corría la sangre del linaje escogido. La misma que corre en nuestras venas. La sangre de los mártires, de las vírgenes, de los confesores, de tantos santos y santas que combatieron el buen combate de la fe.

Iglesia de San Isidro Labrador
(foto propia)

En medio de una de las peores épocas de persecución contra nuestra Madre Iglesia, nosotros sus hijos tenemos que defenderla en buen combate, sin miedo, sin nada que perder y mucho que ganar. ¿Cómo podríamos vernos derrotados? Imposible. Aquél que dijo: “no teman, yo he vencido al mundo”, va adelante en la batalla. ¿Cómo que no vamos a poder?

Porque llevamos la misma sangre de Francisco de Asís y Ángela de la Cruz: podemos contra el materialismo y el consumismo, contra el orgullo, la vanidad y la discordia.

Porque llevamos la sangre de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino, podemos contra el falso optimismo antropológico, contra el endiosamiento
Sto. Tomás de Aquino
Iglesia de Sto. Domingo
(S. Miguel de Tucumán)
(foto propia)
del hombre, contra el déficit de verdad que hay en el mundo.

Si bulle en nosotros la sangre de María Goretti, Rosa de Lima, Luis Gonzaga, Domingo Savio, Gema Galgani, Jacinta y Francisco Marto, podemos contra todo lo que se opone a la pureza del alma y del cuerpo.

Porque tenemos la sangre de Teresa de Avila, Juan de la Cruz y Benito de Nursia, podemos contra la desobediencia, la tibieza y la acedia.

Si corre en nuestras venas la sangre de Tomás Moro, Tomás Becket y Casimiro de Polonia, podemos contra la corrupción institucionalizada y contra la ambición de poder.

Porque llevamos la sangre de Vicente de Paul, Camilo de Lelis y Damián de Molokai, podemos contra el egoísmo, el individualismo y la avaricia.

Porque la sangre de Felipe Neri y Juan Bosco irriga nuestros corazones, podemos contra la tristeza, el desánimo, el desconsuelo y el derrotismo.

S. Ignacio de Loyola
Iglesia del Salvador
(foto propia)
Porque llevamos la misma sangre de Ignacio de Antioquía, Catalina de Siena, y Bernardo de Claraval, podemos con las embestidas contra la Iglesia.

Porque somos del mismo linaje de Gianna Beretta Molla, Maximiliano Kolbe y Estanislao de Jesús y María, podemos contra la cultura de la muerte.

Porque llevamos la misma sangre de Ignacio de Loyola, Pedro Nolasco, y David Uribe, vencemos el temor a la entrega, la pusilanimidad y la cobardía.

Porque somos de la familia de Tarsicio, Pedro Julián y Clara de Asís, podemos contra la irreverencia, la desacralización y la impiedad.

Porque la misma sangre de Teresa de Lisieux y Teresa de Calcuta corre en nosotros, podemos contra la sed de grandeza, la indiferencia, el odio y el rencor.

En fin, llevamos la misma sangre de tantos y tantos que nos precedieron y pudieron vencer en Cristo. Somos ese linaje escogido, nacidos todos de Nuestra Santa Madre Iglesia, la Esposa de Cristo sin mancha ni arruga. Ella nos impele a honrar nuestro linaje y defender los derechos de Dios, por quien fuimos rescatados a altísimo precio: la Sangre de Cristo.

Iglesia de Todos los Santos y Ánimas
(foto propia)

miércoles, 28 de octubre de 2020

110 años del nacimiento de San Héctor


El proximo sábado se cumplen 110 años del nacimiento del primer nacido en la Argentina que accedió al honor de los altares: San Héctor Valdivielso Sáez, mártir.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Todos los santos




Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
¡rogadle por nosotros!

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
¡rogadle por nosotros!

Almas cándidas, santos inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado,
¡rogadle por nosotros!

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
¡rogadle por nosotros!

Mártires que ganasteis vuestras palmas
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los tormentos
¡rogadle por nosotros!

Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
¡rogadle por nosotros!

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas,
¡rogadle por nosotros!

Doctores, cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber, rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible,
¡rogadle por nosotros!

¡Soldados del ejército de Cristo!
¡Santos y Santas todos!
Rogadle que perdone nuestras culpas
¡a aquel que vive y reina entre vosotros!


Gustavo Adolfo Becquer