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miércoles, 14 de mayo de 2025

Oración a Santa María de la Esperanza





 

Santa María, 
tú fuiste una de aquellas almas humildes y grandes en Israel que,
como Simeón,  esperó « el consuelo de Israel »     (Lc 2,25) 
y, como Ana, « la redención de Jerusalén ».     (Lc 2,38)
Tú viviste en contacto íntimo con las Sagradas Escrituras de Israel, 
que hablaban de la esperanza, de la promesa hecha a Abraham 
y a su descendencia.                                                                             (cf. Lc 1,55). 
Así comprendemos el santo temor que te sobrevino
cuando el ángel de Dios entró en tu aposento 
y te dijo que darías a luz a Aquel que era la esperanza de Israel
y la esperanza del mundo. 
Por ti, por tu « sí », la esperanza de milenios debía hacerse realidad, 
entrar en este mundo y su historia. 
Tú te has inclinado ante la grandeza de esta misión y has dicho “sí”: 
« Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra ». (Lc 1,38)
Cuando llena de santa alegría  fuiste aprisa por los montes de Judea
para visitar a tu pariente Isabel, 
te convertiste en la imagen de la futura Iglesia que, en su seno, 
lleva la esperanza del mundo por los montes de la historia. 

 

      

Pero junto con la alegría que, en tu Magnificat,
con las palabras y el canto, has difundido en los siglos,
conocías también las afirmaciones oscuras de los profetas
sobre el sufrimiento del siervo de Dios en este mundo.

Sobre su nacimiento en el establo de Belén 
brilló el resplandor de los ángeles que llevaron la buena nueva a los pastores, 
pero al mismo tiempo
se hizo de sobra palpable la pobreza de Dios en este mundo. 
El anciano Simeón te habló de la espada que traspasaría tu corazón, (cf. Lc 2,35)
del signo de contradicción que tu Hijo sería en este mundo. 
Cuando comenzó después la actividad pública de Jesús, 
debiste quedarte a un lado
para que pudiera crecer la nueva familia que Él había venido a instituir 
y que se desarrollaría con la aportación 
de los que hubieran escuchado y cumplido su palabra.          (cf. Lc 11,27s)
No obstante toda la grandeza
y la alegría de los primeros pasos de la actividad de Jesús, 
ya en la sinagoga de Nazaret experimentaste la verdad de aquella palabra 
sobre el « signo de contradicción ». (cf. Lc 4,28ss)
Así has visto el poder creciente de la hostilidad y el rechazo 
que progresivamente fue creándose en torno a Jesús hasta la hora de la cruz, 
en la que viste morir como un fracasado,
expuesto al escarnio, entre los delincuentes, 
al Salvador del mundo, el heredero de David, el Hijo de Dios. 
Recibiste entonces la palabra: « Mujer, ahí tienes a tu hijo ».  (Jn 19,26)
Desde la cruz recibiste una nueva misión. 
A partir de la cruz te convertiste en madre de una manera nueva: 
madre de todos los que quieren creer en tu Hijo Jesús y seguirlo. 
La espada del dolor traspasó tu corazón. 
¿Había muerto la esperanza? 
¿Se había quedado el mundo definitivamente sin luz, la vida sin meta? 
Probablemente habrás escuchado de nuevo en tu interior en aquella hora
la palabra del ángel, 
con la cual respondió a tu temor en el momento de la anunciación: 
« No temas, María ». (Lc 1,30)
¡Cuántas veces el Señor, tu Hijo, dijo lo mismo a sus discípulos: no temáis! 
En la noche del Gólgota, oíste una vez más estas palabras en tu corazón. 
A sus discípulos, antes de la hora de la traición, Él les dijo: 
« Tened valor: Yo he vencido al mundo » (Jn 16,33)
« No tiemble vuestro corazón ni se acobarde » (Jn 14,27)
« No temas, María ». 
En la hora de Nazaret el ángel también te dijo: « Su reino no tendrá fin » (Lc 1,33)
¿Acaso había terminado antes de empezar? 
No, junto a la cruz, según las palabras de Jesús mismo,
te convertiste en madre de los creyentes. 
Con esta fe,
que en la oscuridad del Sábado Santo fue también certeza de la esperanza, 
te has ido a encontrar con la mañana de Pascua. 
La alegría de la resurrección ha conmovido tu corazón 
y te ha unido de modo nuevo a los discípulos, 
destinados a convertirse en familia de Jesús mediante la fe. 
Así, estuviste en la comunidad de los creyentes 
que en los días después de la Ascensión 
oraban unánimes en espera del don del Espíritu Santo, (cf. Hch 1,14)
que recibieron el día de Pentecostés. 
El “reino” de Jesús
era distinto de como lo habían podido imaginar los hombres. 
Este “reino” comenzó en aquella hora y ya nunca tendría fin. 
Por eso tú permaneces con los discípulos como madre suya,
como Madre de la esperanza. 

 

Santa María, Madre de Dios, Madre nuestra,
enséñanos a creer, esperar y amar contigo. 
Indícanos el camino hacia su reino. 
Estrella del mar, brilla sobre nosotros y guíanos en nuestro camino.

Benedicto XVI. Fragmentos de la encíclica Spe salvi, 30/11/2007

miércoles, 16 de abril de 2025

Salve, Cruz vivificante


Salve, Cruz vivificante, trofeo invencible de la piedad, puerta del Paraíso, consuelo de los creyentes, defensa de la Iglesia; es por ti que fue anulada la corrupción, tragada y abolida la potencia de la muerte, y estamos elevados de la tierra a los cielos. Arma invencible, adversario de los demonios, gloria de los mártires, verdadero ornato de los santos, puerto de salvación, tú eres la que traes al mundo gran misericordia.

Ensalzad al Señor nuestro Dios, y postraos ante el estrado de sus pies,  porque Él es santo (Sal 98, 5).

Salve, Cruz del Señor, por la que la humanidad fue librada de la maldición; tú eres el signo del verdadero júbilo, tú que por tu exaltación arrojas a la tierra al enemigo, venerable Cruz. Tú eres nuestro socorro, fuerza de los reyes, fortaleza de los justos, dignidad de los sacerdotes. Al trazarte sobre nosotros nos libras de peligro. Eres báculo que nos apacienta,  arma de paz rodeada de ángeles que te veneran. Eres gloria divina de Cristo, quien concede al mundo gran misericordia.

Dios es mi Rey desde el principio; autor de salvación en medio de la tierra (Sal 73, 12).

Salve, cruz preciosa, guía de los ciegos, médico de los enfermos y resurrección de todos los muertos, que nos has levantado a nosotros que estábamos caídos en la mortalidad. Por ti ha sido destruida la corrupción, y la inmortalidad ha florecido; por ti nosotros los mortales somos divinizados y el diablo es derribado completamente. Hoy, viéndote exaltada, exaltamos a Aquel que fue elevado en ti y te veneramos, esperando  de ti gran misericordia.

Hoy,  Cristo,  Dios nuestro, nosotros los pecadores veneramos con labios indignos tu preciosa Cruz;  y rogándote a ti,  que quisiste ser crucificado en ella, decimos, Señor, con el buen ladrón:  ¡Haznos dignos de tu reino celestial!

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Oración a María

 Señora:

tú eres

descanso para los que trabajan,

consuelo para los que lloran,

medicina  para  los enfermos,

puerto para los maltratados por la tempestad,

perdón para los que pecan,

dulce alivio de los tristes,

socorro de los que oran.

 


(San Juan Damasceno)

miércoles, 9 de octubre de 2024

Irradiar a Cristo

 IRRADIAR  A CRISTO

 
Iglesia del Santo Cristo
(foto propia)

 

Jesús mío,  ayúdame a esparcir tu fragancia  

    donde quiera que yo vaya. 

Inunda mi alma con tu espíritu y tu vida;

    penetra todo mi ser  y toma posesión de él,

    de tal manera que mi vida no sea, en adelante,  

    sino una irradiación de la tuya. 

Quédate en mi corazón con una unión tan íntima, 

    que quienes tengan contacto conmigo

    puedan sentir en mí tu presencia;

    y que,   al mirarme,

    olviden que yo existo y piensen sólo en ti.

 
Quédate conmigo.

Así podré convertirme en luz para los otros.

Esa luz, Señor, vendrá toda de ti;  

    ni uno de sus rayos será mío. 

Yo serviré apenas de instrumento,   

    para que tú ilumines a las almas a través de mí. 


Déjame alabarte en la forma que te es más agradable:

    llevando mi lámpara encendida 

    para disipar las sombras en el camino de otras almas.

 
Déjame anunciar tu nombre,  con palabras o sin ellas, 

    con mi ejemplo, con la fuerza de tu atracción,  

    con la sobrenatural y evidente influencia  del amor 

    que mi corazón siente por ti.  

 

Cardenal  Newman

miércoles, 3 de mayo de 2023

Letanías de los santos y beatos argentinos

LETANÍAS DE NUESTROS SANTOS Y BEATOS 
ARGENTINOS


San Héctor, que acogiste la gracia de Dios para “amarlo siempre y nunca alejarlo de tu alma”. Ruega por nosotros.

San José Gabriel del Rosario, que acogiste la gracia de Dios y tuviste un “corazón de pastor según el corazón de Cristo”. Ruega por nosotros.

Santa Nazaria Ignacia, que acogiste la gracia de Dios y seguiste a Jesús lo “más cerca que pueda una humana criatura”. Ruega por nosotros.

San Artémides, que acogiste la gracia de Dios y dabas “lo mejor a Jesús” encarnado en cada pobre y enfermo. Ruega por nosotros.



Beata Laura, que acogiste la gracia de Dios y ofreciste tu joven vida en favor de tu madre. Ruega por nostros.

Beata María del Tránsito, que acogiste la gracia de Dios e “hiciste del Divino Amor, el motor de tus acciones”. Ruega por nosotros.

Beata María Ludovica, que acogiste la gracia de Dios e “hiciste el bien sin mirar a quien”. Ruega por nosotros.

Beato Ceferino, que acogiste la gracia de Dios, en tu deseo de “ser útil para tu Pueblo”. Ruega por nosotros.

Beata Crescencia, que acogiste la gracia de Dios para responder a tu vocación a la santidad y “ayudar a los demás, en su salvación”. Ruega por nosotros.

Beata Mama Antula, que acogiste la gracia de Dios para “llevarlo hasta donde no sea conocido”. Ruega por nosotros.

Beata Madre Catalina, que acogiste la gracia de Dios, para reconocer que “al paso que se trabaja se ama”. Ruega por nosotros.

Beatos Mártires riojanos, que acogieron la gracia de Dios y fueron hombres de paz “animando al perdón, fruto del amor que vence todo odio”. Rueguen por nosotros.

Beato Fray Mamerto, que acogiste la gracia de Dios y fuiste “promotor del encuentro y de la paz” para nuestra Patria. Ruega por nosotros.

Beatos Mártires del Zenta, que animados por el ardor misionero y promoviendo el encuentro de pueblos, acogieron el martirio dejando semillas de fe cristiana”. Rueguen por nosotros.



Fuente: Conferencia Episcopal Argentina, Delegación para las Causas de los Santos

miércoles, 8 de febrero de 2023

Pensamientos de Dom Pius de Hemptinne, O.S.B.

Hace dos semanas nos referimos al Beato Columba Marmion, O.S.B., y publicamos un fragmento de una de sus obras. En sus escritos, Columba derrama ante nosotros un verdadero banquete de vida mística, enraizado en la Sagrada Escritura y en la liturgia tradicional de la Iglesia.

Columba mantuvo correspondencia con hombres y mujeres de todo el mundo, especialmente religiosos y religiosas que acudían a él en busca de dirección espiritual a distancia. Uno de estos discípulos fue un monje, Dom Pius de Hemptinne, O.S.B. (1879–1907), quien dejó valiosos escritos espirituales propios. 

Hoy compartiremos unos breves fragmentos sueltos de los escritos de Pius de Hemptinne. Tales escritos fueron publicados por primera vez en 1935 con el título A Disciple of Dom Marmion, Dom Pius de Hemptinne: Letters and Spiritual Writings. Los fragmentos que publicamos hoy son la traducción propia de la versión en lengua inglesa publicada el año pasado por Rorate Caeli.

Dom Pius expresa una fusión profundamente benedictina de liturgia, oración personal y  vida, incluidos los mensajes que Dios nos envía a través de su "primer Libro", es decir, el mundo de la creación que fluye de sus manos. en cada momento.

Las imágenes son fotos propias, tomadas en templos argentinos.



La muerte de un Dios, muriendo por la salvación de los hombres, es el punto central de la historia de la humanidad. Todas las épocas dan testimonio de ella y convergen hacia ella: los siglos precedentes apuntan a su venida, los demás están destinados a recoger sus frutos.

Iglesia de la Exaltación de la Cruz (Capilla  del Señor, Bs. As.)

  

La muerte de Cristo es el centro de la historia, y también el centro de la vida de cada hombre en particular. A los ojos de Dios todo hombre será grande en la medida en que participe en esa obra; porque la única dignidad verdadera y eterna es la del divino Sacerdote. El grado de santidad de cada uno estará en exacta proporción con su participación en esa cruenta inmolación. Porque sólo el Cordero de Dios es santo.

 

Pero aunque Jesucristo, el divino Sumo Sacerdote, apareció una sola vez en la tierra, para ofrecer Su gran sacrificio en el Calvario, sin embargo, cada día Él aparece en la persona de cada uno de Sus ministros, para renovar Su sacrificio en el altar. En cada altar, pues, se ve el Calvario: cada altar se convierte en un lugar augusto, el Lugar Santísimo, la fuente de toda santidad. Allí todos deben ir en busca de la Vida, y allí todos deben volver continuamente, como a la fuente de las misericordias de Dios. Aquellos que son los privilegiados del Maestro, no salen nunca de este lugar santo, sino que allí “encuentran morada”, cerca del altar, de modo que nunca necesitan alejarse de él; tales son los monjes, cuyo primer cuidado es levantar templos dignos de contener altares. Haciendo su morada junto al Santuario, consagran su vida al culto divino, y todos los días se los ve agrupados en torno al altar para el santo sacrificio. Este es el acontecimiento del día, el centro en el que convergen todas las Horas, como los siglos: unas como Horas de preparación y de espera en el recuerdo de la alabanza divina -estas empiezan con Laudes y Prima seguidas por Tercia, la tercera Hora del día-; las otras, Sexta, Nona, Vísperas y Completas, fluyen en las alegrías de la acción de gracias hasta la puesta del sol cuando los monjes cantan el cierre de la noche.

Basílica del Santísimo Sacramento (Ciudad de Buenos Aires)

Así transcurren los días de la vida, al pie del altar; así la vida del hombre encuentra su grandeza y su santidad al fluir, por así decirlo, sobre el altar, para mezclarse allí con esa Sangre Preciosa que es derramada diariamente en ese lugar sagrado: porque la vida del hombre es como un objeto sin valor, como una gota de agua, pero cuando se pierde en la Sangre de Cristo adquiere un valor infinito y puede merecer para nosotros la misericordia divina. El que sabe lo que es el altar, de él aprende a vivir; vivir junto al altar es ser santo, agradable a Dios, y subir al altar para realizar los sagrados Misterios es revestirse de la más sublime de todas las dignidades después de la del Hijo de Dios y de su santa Madre.

Iglesia del Salvador (Ciudad de Buenos Aires)

 

Jesucristo es el gran Maestro de las almas. Los nutre con Su Carne, Su Sangre y Todo Su Ser. Él realmente se hace a Sí mismo su Alimento. Y así me parece que nadie recibe el cuidado de las almas sin asumir el deber de alimentarlas con él mismo. Debemos entregarnos a las almas puestas a nuestro cargo, con tal plenitud de amor que la gracia dada a nuestras propias almas rebose en las de ellos.

Nos encontraremos, tal vez, con almas hambrientas, débiles o heridas: pequeñas almas que se arrojan sobre nosotros y querrían alimentarse de nosotros con demasiada avidez y familiaridad. Tal conducta nos herirá, como hiere a Jesucristo. Pero siguiendo Su ejemplo debemos alimentar a estas pobres ovejas, para que recobren fuerza y ​​vida.

Oh Jesús, concédenos desde este día en adelante que las almas puestas a mi cuidado saquen de mi pobre corazón la gracia que Tú me das. Eres Tú Mismo el que tiene hambre; come, pues, y bebe todo lo que encuentres en mi pobre casa. Que mi alma sea un pesebre donde Tus corderos puedan ser llenados de Ti. (4 de junio de 1902)

Iglesia de San Pablo Apóstol (Ciudad de Buenos Aires)

 

Padre santísimo y eterno, tu divino Hijo nos ha enseñado que nadie puede venir a Él si no lo atraes, y que ninguno se perderá de los que le has dado. Os suplico, pues, en nombre del amor recíproco que le tenéis a Él y Él a Vos, que me ofrezcáis a mí y a todos los que amo a este Hijo divino, engendrado por Vos,  para que renaciendo en Él, vuestro Verbo, podamos tener una parte en la gloria eterna que Él te da, y que así podamos ser santificados en ti.

Hijo eterno, cuya santidad es igual a la del Padre, tú has prometido que “cuando seas levantado de la tierra, atraerás a todos hacia ti”. Atráeme, pues, hacia ti, oh bienamado de mi alma, para que siendo alimentado por ti, viva yo por ti, como tú vives por tu Padre.

Espíritu Santo, que descendiste sobre la Virgen para realizar el misterio de la Encarnación del Verbo, desciende sobre mí, ¡oh alegría de mi corazón y fortaleza de mi alma! Imprégname, a fin de que Jesucristo crezca en mí, para que por tu poder se efectúe la unión más íntima entre mi Salvador y mi pobre alma, inflamada por tu amor.

Capilla Santísimo Sacramento (Avellaneda, Bs. Aires)

 

¡Oh Trinidad adorable, mira hacia abajo y mira cómo ardo en ansias de glorificarte, mira cómo mi alma se reduce a la nada, mira cuán pequeña es, cómo se entrega completamente a ti! Os amo por el Corazón de Jesús y por cada una de las almas de la tierra, y por eso os las traeré todas. Con este fin, Cristo Jesús, único objeto de mis deseos, me refugio en el seno de vuestro Padre, y en Su Nombre os doy todas estas preciosas almas, para que ninguna de ellas perezca. Uniéndome a Vos, lo ofrezco todo al Padre, para el eterno honor y gloria de la adorantísima Trinidad. Amén. (18 de abril de 1901)

miércoles, 31 de agosto de 2022

Oración: "La Iglesia te engendró un día"

Viejos recortes que hemos decidido digitalizar y compartir.  
En este caso, una hoja suelta de una agenda de los años 80. 


La Iglesia te engendró un día,

te habló de su Dios, te entregó la Fe,

te mostró la Palabra y te inició en el Amor.

Ella anima tus desalientos, 

apoya tus inquietudes, 

integra tu personalidad, 

corrige tus equivocaciones,

te presta su voz cuando no la tienes,

y te ofrece posibilidades en tu acción.

La Iglesia es el hermano que se acerca, 

el amigo que se descubre 

y el apoyo que se recibe o que se entrega.

La Iglesia es tu experiencia del pan que se comparte y del acontecimiento fraternal.

Ella es un signo y un instrumento 

de lo que el mismo Dios realiza en medio de todos los pueblos.

Es al mismo tiempo un sacramento de lo que el mundo y los hombres están llamados a ser sobre la tierra: lugar de diálogo y de libertad, espacio de acogida y de encuentro, testimonio de alegría y fraternidad, grito de verdad y de justicia, presencia de Dios entre los hombres, comunidad que cree, ama y espera.

Miguel Ortega en "A ti te digo".


Al dorso de la oración se veía esta imagen: es el frente de la Basílica de Santa Rosa de Lima, de la ciudad de Buenos Aires.

miércoles, 20 de julio de 2022

Oración: "Él nos amó primero"

Viejos recortes que hemos decidido digitalizar y compartir.  En este caso, hojas sueltas de una agenda de los años 80. 




Esfuérzate por amar a tus hermanos, 

y busca amar a Dios con todo tu corazón.

Pero sobre todo cree verdaderamente

que tú eres amado por Dios: 

que Él te creó,

que te llamó a la vida, 

que te mantiene en ella,

que Dios piensa en ti,

que te conoce,

que te mira,

que te consuela,

que te ayuda,

que te protege

y que te habita.

Dios te ama siempre y en todo momento. 

Te ama personalmente, con nombre y apellido.

Existes, vives y respiras sólo porque Él te ama.

Esto es tan maravilloso

que muchos no se atreven a creerlo. 

Pero es así.

No somos nosotros

los que hemos amado a Dios 

sino que en realidad Él nos amó primero.


Miguel Ortega en "A ti te digo".


En el Día del Amigo

miércoles, 22 de junio de 2022

Oración del Buen Humor

 


En la memoria litúrgica de Santo Tomás Moro.

miércoles, 19 de mayo de 2021

Oración al Espíritu Santo

En preparación a la Solemnidad de Pentecostés, que celebraremos el domingo



miércoles, 30 de diciembre de 2020

miércoles, 12 de junio de 2019

miércoles, 5 de junio de 2019